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En el punto más álgido de la crisis convocaron a los ciudadanos de La Plata al Bosque para que en unos cartones, estratégicamente colgados de los árboles, escribieran sus «Sueños perdidos», aquellos que no se cumplieron o «les fueron robados», para decirlo en sus propios términos.
El resultado de la performance fue que las 1000 personas que participaron del acontecimiento, lejos de escribir sobre las ilusiones perdidas, dejaron un testimonio de sus esperanzas y de las ambiciones que -creían-aún se podían cumplir. Así obligaron a los artistas a cambiar el nombre de su acción, que quedó registrada como
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