1 de diciembre 2005 - 00:00

Después del temporal: cómo hacer Strauss en pocos días

Stefan Lano: eldirectornorteamericanodebióamoldarse aensayar lacomplejaópera«Capriccio» deRichardStrauss enpocos días.Será el últimotítulo del Colónen laaccidentadatemporadaactual.
Stefan Lano: el director norteamericano debió amoldarse a ensayar la compleja ópera «Capriccio» de Richard Strauss en pocos días. Será el último título del Colón en la accidentada temporada actual.
El director norteamericano Stefan Lano tiene una particular inclinación por Buenos Aires. En estos días ensaya, para estrenar mañana (por primera vez en Sudamérica), la última ópera compuesta por Richard Strauss, «Capriccio», que fue estrenada en la Alemania nazi, en la Opera de Munich, el 28 de octubre de 1942.

Lano
fue nombrado, casi con urgencia, director musical de la Orquesta Estable del Colón durante la más accidentada de sus temporadas. En esa condición fue convocado por Marcelo Lombardero para salir del paso con las representaciones de «Capriccio», ya que los artistas que debían realizar la producción se marcharon como consecuencia de la paralización del teatro por la reciente suspensión de actividades que duró casi un mes. En un alto de sus apresurados ensayos, Lano dialogó con este diario.

Periodista
: ¿Cómo logra llegar a tiempo con una obra tan compleja en estas circunstancias?

Stefan Lano: En el primer ensayo hemos leído casi toda la obra; me han dicho que el director anterior le dedicó un ensayo entero sólo a una página. Es claro que se puede trabajar así con la música, pero no en este momento.Ayer estuve trabajando muchos detalles, unas pequeñas cosas que no andaban bien, pero que después del ensayo empezaban a funcionar. Al comenzar, los músicos deben conocer la totalidad, después afinar los detalles. Quizás deberíamos haber tenido más tiempo, pero este es el que tenemos y debemos adaptarnos a él. Con la orquesta del Colón siempre es así. Si tenemos poco tiempo, nos esforzamos y siempre llegamos. Cuando dirigí «Salome» siempre había paros, crisis, pero siempre hemos llegado bien.


P.:
¿Está conforme entonces?

S. L.: Hablo de la música. La producción que se hace aquí, para mi gusto, no es ideal. Creo que le falta el «charme», el humor, la reflexión, la filosofía. Le falta mostrar lo que es el arte y su relación con el mundo exterior. Necesitaría una mayor profundización en este sentido.

P.: ¿En qué consistiría esa profundización?

S.L: Hay que mostrar que en la época de Strauss, como hoy en día, hay que reflexionar sobre el arte pero no se puede olvidar lo que ocurre en el mundo exterior. El arte debe existir aparte del mundo loco en que vivimos, pero también hay que señalar lo que ocurre más allá. Mi visión sería moderna, quizá que ocurriera en Nueva York y, mientras se oye el sexteto, se podrían ver imágenes del 11 de septiembre. En ese momento habría que cerrar un telón para que la Condesa no viera lo que está sucediendo afuera. El arte, como la ciencia, tienen derecho de existir, pero hay un mundo exterior que lo condiciona. Strauss sabía que estaba ocurriendo la guerra afuera. La palabra o la música son importantes pero siempre dentro de una contextualización.


P.:
¿Cuál es su pensamiento acerca de las críticas que recibió Strauss, junto al libretista Clemens Krauss, por la indiferencia con respecto a las políticas de la Alemania nazi?

S.L.: Strauss defendió en un momento a Stefan Zweig, que era judío, diciendo: «Zweig podrá volver a trabajar en Alemania cuando los nazis ya no estén más y Alemania retorne a ser un país normal». Esto le costó caro. Los nazis comenzaron a desconfiar de él y la Gestapo lo sacó a Strauss como director musical de Alemania. Strauss siguió en Alemania pensando que todo eso también iba a pasar, en ese sentido fue un poco indolente.


P:
¿Cuál es su relación con «Capriccio»?

S.L.: Es la primera vez que la dirijo.

P.: ¿Fue sorpresivo para usted el llamado del Colón para esta producción?

S.L.: Estaba dirigiendo «Porgy and Bess» en Georgia y pensaba que después de eso me iría a casa, en Basilea, pero recibí un llamado de Marcelo Lombardero para que me hiciera cargo de estas representaciones de «Capriccio» y aquí estoy.


P.:
¿En qué condiciones preparó esta producción, entonces?

S.L.: Fue todo muy apresurado. Me encontré con un elenco totalmente nacional, del que estoy muy conforme, y la orquesta respondió en un primer ensayo como siempre en un primer ensayo. Con diez ensayos más, todo saldría mucho mejor, pero estas son las condiciones en que hay que trabajar hoy en el Colón y hacemos lo mejor que podemos. El director anterior, que había tenido varios ensayos con la orquesta, no dejó nada preparado. Todo lo que hice fue nuevo.


P.:
¿Cómo es su relación con la Estable?

S.L.: Muy buena. Con esta orquesta hay que trabajar como con las orquestas rusas. Los músicos necesitan «feeling» con el director y yo aquí lo tengo. Acá no se puede llegar como un dictador y comenzar la preparación así. La relación es distinta, ya que la forma de trabajo en la Argentina es muy especial. Cuando yo llegué a Buenos Aires tuve contacto con Ferdinand Leitner y con Erich Leinsdorf y ellos estaban conformes con la orquesta de Colón. Sus experiencias me sirvieron.


P.:
¿Afectó algo este cambio de elenco a los resultados de Capriccio?

S.L.: Ya hablé del director anterior y de la régie, en cuando a los cantantes yo nos los escuché, pero lo que oí en los pasillos es que no eran cantantes de calidad superior. La decisión de hacerla con cantantes argentinos fue acertada. Correa Dupuy, Iturralde, Garay rinden muy bien.


P.:
¿Qué hará el año próximo?

S.L.: Se tratará de contratar a grandes artistas para algunos papeles, pero el resto será cubierto por cantantes argentinos. A mediados de diciembre se dará a conocer la temporada 2006, por ahora no puedo adelantar nada. Sólo que voy a dirigir cuatro conciertos con la Orquesta Estable y el último será la «Misa Solemnis» de Beethoven, que llevaremos a varios teatros y posiblemente a la Catedral de La Plata. Hay proyectos también para que el Colón con sus producciones vaya a Viena y también a Japón.


Entrevista de Eduardo Giorello

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