«Tras la marcha» de Diana Dowek, quien junto a la no menos
reconocida Marta Minujin, participarán en la muestra
«Fuerza argentinos», a exhibirse en Nueva York en abril de
2007.
Diana Dowek y Marta Minujin, dos de nuestras más reconocidas artistas, participan en «Fuerza argentinos», muestra que se presentará en abril del año próximo en Nueva York, en Soho20 Artists, 511 West, de la calle 25 en Chelsea.
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Las obras se exhibieron previamente en la calle Humberto Primo 313/15, desde el 18 de octubre, en la Asociación fundada por el artistas Eric van der Grijn. Nacido en Voorburg, Holanda (1941), fue alumno de la Real Escuela de Arte de La Haya, estudió artes gráficas en Italia y se instaló en Irlanda, en 1964. Allí vivió durante más de dos décadas, para radicarse luego en Holanda y en los Estados Unidos, a partir de 1996 hasta su reciente traslado a la Argentina. Ha participado como artista invitado en reiteradas ocasiones en el Museo de Bellas Artes y en la II Bienal Internacional de Arte de la Argentina. En esta oportunidad, además de participante, ha sido el organizador de la muestra.
Diana Dowek expone obras que pueden ser vistas como fragmentos de un relato sin fin que ha ido desarrollando desde sus trabajos de los años '70, como el políptico «Lo que vendrá» de 1972, hasta la instalación «Pausa en la Larga Marcha» (2001-2005). Sus propuestas, que conforman lo que se llama el arte político se sucedieron año tras año investigando problemáticas humanas y sociales. Su obra «Desocupados» obtuvo el Primer Premio en el Certamen Aerolíneas 2005, organizado por el CAYC y con un jurado internacional integrado por César Pelli, Oriol Bohigas (Barcelona), Mario Bellini (Milán) Rosa María Ravera (Presidenta de la Academia Nacional de Bellas Artes), Patricia Kolesnicov (escritora), Ricardo Popovsky (Rector de la Universidad de Palermo), Andrés Duprat y Carlos Sallaberry (uno de los directores del CAYC).
Sus personajes remiten a la parábola de nuestra época: la humillación de los débiles, los imperativos sociales y la violencia. Con una imagen contundente, casi realista inició una nueva representación, por supuesto, coincidente con la perspectiva de su obra anterior. La síntesis de sus propuestas las expuso en el Museo Nacional de Bellas Artes con una muestra individual en 2001.
Dowek formó parte de la corriente surgida hacia mediados de la década del '70 con el nombre de Postfiguración, que expuso en el Museo de Arte Moderno y luego en el Museo Castagnino de Rosario. Su preocupación ha sido siempre una incitación crítica, muy clara y tajante en todas sus obras, como por ejemplo, «Las heridas del Proceso», de 1985. Su propósito es perfilar las contradicciones humanas: plenitud y vacío, libertad y opresión, placer y dolor, apertura y encierro, acentuando el drama que importa la presencia inexorable de estos conflictos. Trata de promover un testimonio que más allá de sus representaciones, la conduzca a situarla en la investigación de la pluralidad humana, para convertirla -como sucede con el creador de todo hecho artístico- en la primera documentadora de sus ideas llevadas a la tela.
Sus obras marcan y recuerdan las contradicciones que de tan familiares, el hombre las suele perder de vista, ignorarlas. Son situaciones de choque con pocos personajes que modifica a través de mutaciones de luz, color y espacio. Estas parábolas de nuestra época aparecieron ya en los alambrados, «Atrapado con salida», de 1977. También, veinte años después en «La Zona», de la serie de 1996, con edificios fracturados, como el Congreso Nacional o el Palacio de Justicia, en la que planteó alegóricamente su crítica a la corrupción.
Pionera desde los años '70, Marta Minujin continúa aportando su testimonio sobre el arte como experiencia. Sus monumentos efímeros, sus mitos populares, sus happenings, instalaciones y performances han sido siempre una convocatoria participativa. En su obra se pueden reconocer cuatro instancias no cronológicas: los happenings y las perfomances; las ambientaciones y las instalaciones; los monumentos y figuras célebres; y la desmitificación del arte.
Presentó su primera muestra individual en 1959, y al año siguiente se radicó en París gracias a una beca del Fondo de las Artes, prolongada luego por el Gobierno de Francia hasta 1963. En esa ciudad, Minujin avanzó hacia las ambientaciones, y con el holandés Marc Bruse realizó «La pieza del amor» (1962) en la que utilizó tela de colchones, pintura fluorescente, gomapluma, madera, resortes y cadenas; esta «obra de participación» fue expuesta en el Museo de Arte de Tokio, y es su envío actual a Nueva York. Sin embargo, el happening la atrajo, y organizó con Jean-Jacques Lebel, en la Galería Raymond Cordier de París, en 1963, «El gallo»; y, poco después, en un terreno baldío, «La destrucción», donde expuso objetos tridimensionales e invitó a hacer lo mismo a varios artistas internacionales: Christo, Elie Charles Flamand, Lourdes Castro, Paul Gette. Despedazadas las obras, cada uno de estos conocidos profesionales crearon otras con los despojos que habían quedado, para luego quemarlas, en tanto que simultáneamente soltaron 500 pájaros y liberaron a una multitud de conejos.
En aquellos años, expuso también en Buenos Aires e intervino en creaciones grupales. Su propuesta experimentó un vuelco importante cuando abandonó la pintura geométrica y desembocó en el Informalismo a través de una labor matérica: son estas obras las que presentó, a mediados de 1961, en la Galería Lirolay, dirigida por un matrimonio sensible y famoso que invitó a su espacio -lamentablemente desaparecido- a los artistas jóvenes que se convirtieron en lo mejor de nuestra vanguardia. Un año después exhibió creaciones en el espacio, cuando sintió como insuficientes las posibilidades de las dos dimensiones del plano. Desde fines de 1966 hasta 1973, Minujin se radicó en Nueva York con la Beca Guggenheim, y continuó con sus experiencias de arte, tecnología y medios de comunicación. Minujin ha integrado la interrelación humana y social con distintas perspectivas: la ironía, la crítica, el sarcasmo, la representación diferente, como en el «Obelisco acostado», en la Bienal de San Pablo (1978), o los «Hércules», en la Bienal de Venecia (1987). En los años '70 y '80 se destacaron sus réplicas de monumentos célebres y sus esculturas fragmentadas. Una síntesis de su proyección como pionera del arte argentino en los museos más significativos del mundo fue su exhibición en la sala principal del MNBA en 2002.
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