Hubo un tiempo en que un empate africano contra una potencia era una noticia extraordinaria. Un resultado para guardar, para recordar durante años, para convertir en símbolo. Este Mundial 2026 parece estar contando otra historia. Una donde Marruecos ya no necesita demostrar nada contra Brasil. Donde Cabo Verde no se conforma con participar de su primera Copa del Mundo. Donde República Democrática del Congo puede mirar a Portugal a los ojos sin pedir permiso.
Las selecciones africanas consolidan su salto de calidad y buscan hacer historia en el Mundial 2026
El continente cambió su imagen histórica y compite ante potencias con más estructura, talento y una generación preparada para dar el salto.
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Las selecciones africanas firmaron una de sus mejores primeras fechas en la historia reciente de los Mundiales y volvieron a desafiar a varias potencias.
La primera fecha dejó imágenes que ayudan a entender el fenómeno. Marruecos le quitó puntos a Brasil, Egipto frenó a Bélgica, Costa de Marfil debutó con una victoria clave, Ghana encontró un triunfo agónico y República Democrática del Congo sorprendió al empatar con Portugal, uno de los candidatos europeos. Incluso Cabo Verde, debutante absoluto en una Copa del Mundo, mostró personalidad para rescatar un empate frente a España. Son resultados distintos entre sí, pero que juntos construyen una misma sensación: la distancia entre África y las potencias tradicionales parece cada vez menor.
Detrás de esa transformación hay años de trabajo, cambios estructurales y una evolución que especialistas vienen observando desde hace tiempo. En diálogo con Ámbito, los periodistas especializados en fútbol africano, Francisco Jáuregui y Nahuel Lanzón coincidieron en que el crecimiento es real, aunque todavía quedan pasos por dar para que el continente pueda discutir seriamente por el título.
Del impulso de Sudáfrica 2010 al salto competitivo
Para Jáuregui, parte de esta historia comenzó a escribirse hace dieciséis años. El periodista recordó que el Mundial de Sudáfrica 2010 representó mucho más que la primera Copa del Mundo organizada en territorio africano.
“En 2010 fue el primer Mundial en el continente africano pero solo Ghana estuvo a la altura”, recordó. Aquella selección ghanesa quedó a un penal de alcanzar las semifinales y se convirtió en el símbolo de una oportunidad que parecía única. Sin embargo, con el paso de los años, varios países empezaron a construir procesos más sólidos: “Eso emparejó las cosas y en casos como Marruecos y Senegal les hizo dar un salto de calidad. Creo que esos dos seleccionados y Costa de Marfil son los más poderosos”.
Según explicó, el crecimiento no pasó únicamente por la aparición de buenos futbolistas. También hubo avances en áreas que históricamente representaban dificultades para muchas federaciones africanas: “De allí a esta parte el fútbol africano ha crecido en infraestructura, dirigencialmente, en formación, ha confiado más en sus entrenadores y empezó a recurrir más a la diáspora”, sostuvo.
Ese proceso terminó modificando la manera en que varias selecciones llegaron a competir en la elite.
La diáspora y una generación formada en Europa
Si Jáuregui ubicó una parte de la explicación en la evolución institucional, Nahuel Lanzón encontró otra clave en un fenómeno que transformó el mapa del fútbol africano durante los últimos años.
El periodista especializado en fútbol africano y asiático sostuvo que muchas selecciones comenzaron a beneficiarse de una realidad que décadas atrás favorecía exclusivamente a Europa: “Ya no es tanto como hace muchos años donde Europa se nutría del talento africano, sino que ahora son los hijos de los inmigrantes o los nietos de los inmigrantes que se forman en academias europeas, que juegan en los clubes europeos, los que vuelven para África”, explicó.
La imagen se repitió en varias plantillas de este Mundial. Futbolistas nacidos en Francia, Bélgica, Países Bajos o España eligieron representar las raíces familiares y aportaron experiencia adquirida en algunas de las competiciones más exigentes del planeta.
Para Lanzón, el fenómeno todavía no alcanzó su techo: “Lo que estamos viendo ahora es una consecuencia de eso, pero todavía no llegó a su punto máximo, todavía tiene camino por delante por recorrer”, consideró.
La observación ayuda a entender por qué equipos como Marruecos, Senegal o Costa de Marfil parecen cada vez más cómodos frente a rivales históricamente superiores.
Una hegemonía que ya no parece tan intocable
Los buenos resultados africanos reactivaron una pregunta recurrente cada vez que se disputa una Copa del Mundo. ¿Se está terminando la histórica hegemonía de Europa y Sudamérica?
Ninguno de los especialistas se animó a llegar tan lejos. Pero ambos coincidieron en que el escenario actual es mucho más competitivo que el de décadas anteriores.
“Es difícil presumir eso pero este inicio del Mundial está demostrando que ya no hay partidos ni rivales fáciles. Partidos que en la previa se presentan como accesibles luego salen al revés”, advirtió Jáuregui.
Lanzón compartió una mirada similar: “Creo que todavía no, pero sí que de a poco empieza a ser un poco más discutida”, planteó. Y agregó: “Cada Mundial que pasa va aumentando la competencia y se va emparejando”.
Los resultados de la primera fecha parecieron respaldar esa idea. Marruecos volvió a mostrarse competitivo ante Brasil después de su histórica campaña en Qatar. Egipto exhibió solidez frente a Bélgica. RD Congo frustró a Portugal. Ghana sumó tres puntos valiosos y Costa de Marfil comenzó con el pie derecho.
Más que sorpresas aisladas, fueron señales de un crecimiento sostenido.
El debate de los entrenadores
Otro aspecto que apareció en el análisis de Lanzón fue el papel de los entrenadores. Durante años, muchas federaciones africanas apostaron por técnicos europeos bajo la premisa de que podían aportar experiencia y organización.
Sin embargo, el especialista observó que esa fórmula no siempre dio resultado: “La verdad es que da la sensación de que a veces el entrenador europeo que llega y no conoce el fútbol de ese país y la idiosincrasia de cada país en África termina haciendo un mal trabajo”, afirmó.
Al mismo tiempo, destacó el crecimiento de una nueva generación de entrenadores locales: “Hay una nueva camada de entrenadores locales que para mí están al mismo nivel o niveles similares”, señaló.
Jáuregui también incluyó la mayor confianza en los técnicos africanos entre los factores que ayudaron a explicar el salto competitivo del continente durante los últimos años.
La cuenta pendiente sigue siendo la continuidad
A pesar de los avances, ambos especialistas identificaron una deuda que todavía permanece abierta.
África ya produjo equipos capaces de competir contra cualquiera. Ya alcanzó cuartos de final, semifinales y actuaciones históricas. Lo que todavía no consiguió fue sostener: “Creo que lo que le falta a los africanos es continuidad en los rendimientos y los procesos”, sostuvo Jáuregui.
El periodista recordó que las campañas más memorables del continente estuvieron repartidas entre distintos países: “Si vamos a las mejores actuaciones históricas siempre fueron países distintos: Marruecos semis 2022, Ghana 2010, Senegal 2002 y Camerún 1990 y ninguno pudo hacer algo parecido en las ediciones siguientes”, explicó.
Lanzón apuntó hacia un problema similar: “A veces también lo que falla mucho en África son las federaciones que les cuesta encarar este tipo de proyectos con vistas a largo plazo. Generalmente a los primeros resultados malos terminan cambiando todo”, analizó.
Allí parece seguir existiendo una diferencia importante respecto de las potencias tradicionales, acostumbradas a sostener estructuras durante décadas.
Un continente que ya cambió la conversación
Todavía queda gran parte del Mundial por delante y nadie sabe hasta dónde podrá llegar alguna selección africana. El propio Jáuregui prefirió mantener la cautela: “Es difícil aventurarse a pensar en un africano en la final”, reconoció.
Pero incluso sin necesidad de proyectar escenarios tan lejanos, los primeros días de competencia dejaron algo claro.
África ya no llegó a esta Copa del Mundo para ocupar el papel de invitado incómodo o sorpresa ocasional. Llegó con selecciones consolidadas, futbolistas que compiten en la elite y proyectos que empezaron a mostrar resultados concretos.
Por eso los empates de Marruecos, Egipto, Cabo Verde o República Democrática del Congo no se leen igual que hace veinte años. Tampoco el triunfo de Ghana o la victoria de Costa de Marfil.
Son resultados que forman parte de una tendencia más amplia. Una historia que comenzó mucho antes de este Mundial y que sigue escribiéndose partido a partido.
La gran novedad ya no es que África pueda competir contra las potencias. La verdadera noticia es que cada vez resulta más difícil imaginar un Mundial sin el continente sentado en esa misma mesa.
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