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11 de agosto 2006 - 00:00

Dinámica fusión entre tango y danza griega

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Como recurso escenográfico eficaz se proyecta en el fondo de «Tango Jasápico» una serie de fotografías de Mariano Manikis.
«Tango Jasápico». Dir. y coreog.: J. Dermitzakis. Ballet Dermitzakis. (Centro Cultural Borges). Hasta el 2/9.

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En este nuevo ballet, «Tango Jasápico», el coreógrafo Jorge Dermitzakis se propone como objetivo la síntesis de dos culturas que están ligadas por rasgos comunes, la griega y la argentina. Esta confrontación se produce en un territorio de riesgo: el ambiente marginal de las tabernas contiguas a los puertos.

En ellas se reúnen gentes del pueblo de distintas edades y apetencias, describiendo historias de amores apasionados, recorridas por una poesía épica que se encarama en las competencias y los regodeos que despiertan las danzas folklóricas. En este caso, de aliento urbano.

En un ir y venir entre las analogías rítmicas del 2 x 4 que determinan el tango argentino y el jasápico, Dermitzakis elabora un entramado coreográfico de similitudes y características estilizadas, pero sin que ninguna de las dos expresiones pierda carácter ni personalidad étnica.

Alternativamente, la música de Astor Piazzolla y la de compositores griegos como el Mikis Theodorakis de «Zorba», entre otros connacionales, inspiran las danzas de Dermitzakis que las acomoda en dúos, solos o conjuntos mayores para las que un afiatado conjunto de bailarines están óptimamente preparados, haciendo hincapié en el impulso dramático y pasional.

Dado que el coreógrafo posee una sólida formación clásica recibida de ilustres maestros, el tango y las danzas griegas reciben un tratamiento de estilización académica sin por ello perder la emoción que provoca un encuentro o una interrelación surgida del fuego interior que impulsa a los bailarines a sus movimientos.

«Tango jasápico» es una obra incluida en el Festival de la Luz emprendida por el Centro Cultural Borges como parte de su programación. De allí que como recurso escenográfico más que eficaz se proyecten en el fondo del escenario una serie de fotografías de Mariano Manikis, que de igual modo que la danza, alternan puertos argentinos y griegos, rostros y cuerpos de personajes de ambas playas e instrumentos típicos de las dos culturas.

Un final a toda orquesta reúne en el escenario a la compañía en pleno, bailando con los acostumbrados golpes de palmas, rodeando con singular empatía a un solista que compenetrado de su responsabilidad expresiva, entrecierra los ojos y vive intensamente la danza de «Zorba, el griego».

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