13 de noviembre 2007 - 00:00

Distinguen al arquitecto colombiano Laureano Forero

Obra deLaureanoForero,prestigiosoarquitectocolombianoque mañanarecibirá elPremioVentanas alFuturo 2007en laceremoniaque tendrálugar en elMuseoRenault.
Obra de Laureano Forero, prestigioso arquitecto colombiano que mañana recibirá el Premio Ventanas al Futuro 2007 en la ceremonia que tendrá lugar en el Museo Renault.
El arquitecto colombiano Laureano Forero fue distinguido con el Premio Ventanas al Futuro 2007,que se entregarán mañana en el Museo Renault. Un homenaje internacional a los desarrollos artísticos y tecnológicos, que generan sus diseños a partir de tradiciones, necesidades y objetivos locales, esto es, regionales.

Sus obras muestran la pasión por las formas y las soluciones urbanísticas, su interés por los espacios públicos, la utilización de materiales existentes, el apoyo al patrimonio arquitectónico heredado, la relación armónica con la Naturaleza y la voluntad social. Ha unido a su amplia práctica profesional en Colombia y en Latinoamérica, la docencia, como profesor en Diseño Arquitectónico en la Universidad de Medellín y en la Universidad Bolivariana, dónde también se ha desempeñado como profesor de Diseño. El respeto por la unidad de las ciudades, su entorno y la construcción de obras incluidas en los contextos sociales y culturales son recurrentes en todos sus proyectos.

Se definió en cierta oportunidad como «albañil», respetuoso de la ciudad, el espacio y la tradición. Forero se graduó en la Universidad Nacional de Colombia (1962), y posteriormente en el Politécnico de Milán (1964) y la Escuela de Arquitectura de Londres (1965). Una larga relación de más de veinte años lo vincula con el Cayc y los profesionales argentinos, que lo apreciamos y respetamos. Con él dialogamos largamente en su última visita a Buenos Aires, a raíz de un evidente cambio de paradigmas.

«Infortunadamente hay un crecimiento de la mediocridad que en muchos casos va de la mano con el crecimiento de la tecnología» aseguró Forero, quien reconoce las bondades de la red, «siempre y cuando no exista dependencia y se deje paso a la creatividad».

«Me inquieta, sobre todo, que muchos de ellos exijan su presencia sin fundamentos y quieran figurar sin hacer el recorrido necesario» agrega, mientras hace una pausa en sus reflexiones para evocar la época de estudiante y el recorrido que lo tiene, hoy por hoy, entre los grandes arquitectos latinoamericanos junto a su amigo y colega Rogelio Salmona. Y es que ya han pasado 43 años desde aquel 29 de noviembre de 1964, cuando obtuvo el título de arquitecto en la Universidad Nacional de Colombia.

El siguiente paso fue Italia dónde obtuvo una beca del Icetex. «Empecé a trabajar con Gio Ponti, sin sueldo, y aprendí a ser un obrero más.» Con Ponti, ex director de la revista «Domus», trabajó en arquitectura del trópico y paisajismo en Bagdad y varias ciudades inglesas. «Así aprendí la práctica del día a día, y ésa, sin duda,fue la mejor retribución que obtuve.» Continuó su trayectoria en Boston, en 1970, y en Nueva York, Filadelfia y Miami, hasta 1998: fueron las escalas de este arquitecto que hoy suma muchos premios.

La visita a Buenos Aires fue otro momento cumbre en la carrera de Forero, quién junto a Luis Grossman, restauró el edificio de Rosario Central, en la ciudad santafesina, para sumar, de esa forma, otro trabajo a su extensa lista.

«En Argentina, a raíz del cambio de Milenio, dicté una conferencia en la que reflexioné sobre lo social, un tema que me apasiona e inquieta, sobre todo porque es recurrente que a muchos arquitectos les dé pereza construir para los más pobres».

La arquitectura en Latinoamérica es un paradigma regionalista, símbolo y compendio del paisaje cultural, que asocia la idea del espacio natural y con el entorno cultural. «No acepto que se destruya para volver a construir. Por eso considero que la remodelación y la renovación son claves en un país como Colombia y Argentina. Con la tecnología, los edificios se vuelven obsoletos muy rápido.» Este fue el concepto en el caso de Torre Visión, en Bogotá: actualizarlo con más calidad estética y ponerlo al día.

Aunque también ha construido en otros lugares, la ciudad de Laureano Forero es Medellín, donde nació en 1938. Es el segundo centro urbano del país, fundado en el último tercio del siglo XVII, y sufrió desde la década del 50, como tantas ciudades latinoamericanas, el fenómeno de una urbanización arrasadora, que no perdona ni la historia ni el imaginario local.

«Cuando uno es joven puede darse el lujo de equivocarse. Ahora no me lo perdonaría», afirmó Forero. Pertenece al grupo de arquitectos dedicados más que a salvar la historia y el imaginario, a seguir haciendo partícipe a su comunidad de la vida urbana: no es tan sólo un conservador de edificios antiguos sino, esencialmente, un formador de ciudades resuelto a no perder lo viejo en beneficio de lo nuevo, ni a desechar lo nuevo en beneficio de lo antiguo.

Una de las obras capitales de Laureano Forero es el Centro Villanueva, de Medellín, situado en una zona de la ciudad que había sido demolida en gran parte para construir autopistas y puentes. Esta obra nació de la necesidad de rehabilitar la sede del Seminario Conciliarerigido entre 1919 y 1928, un proyecto que el tiempo había convertido en hito simbólico de la ciudad. El rescate del Seminario supuso la construcción de una nueva estructura adosada para servir a todas las necesidades y funciones del Centro.

Un caso análogo ha sido el del Shoppping Almacentro, creado a partir de la recuperación de una fábrica obsoleta, a la cual sumó un edificio destinado a oficinas. En ambas obras, se destaca el uso del ladrillo a la vista. El Centro Aliadas, en El Poblado, es una construcción nueva, pero su diseño buscó adaptarse a un tradicional espacio urbano, dominado por una plaza y una iglesia. Esto ayuda al objetivo prioritario de su arquitectura: afirmar una identidad urbana, sustrayéndose a las rupturas de moda. Así sucede también con Las Galerías de San Diego.

La obra de Forero ha descollado también en el área de las viviendas unifamiliares, entre las cuales merecen citarse las casas Florida Blanca y Escorcia I (en La Ceja, Antioquía), Escorcia II (en Envigado, Antioquía), Montoya (en Pereira), y La Providencia, en Medellín.

Su producción abarca distintas tipologías, que incluyen realizaciones como la Capilla de Campos de Paz y la excelente urbanización de La Mota. Es un conjunto de viviendas en serie para 1.500 familias de ingresos medios. Edificios de cinco pisos de altura se disponen en forma lineal, en semiclaustro en el extenso terreno disponible. Un trazado urbanístico que primó sobre el concepto de calle, definido por la continuidad de los edificios. La construcción en estructura de concreto y muros en bloques de ladrillos a la vista es económica y lo aprovecha como tema para desarrollar un tratamiento estético sencillo y directo de los exteriores. En la volumetría se destacan los puntos fijos, a la manera de torrecillas.

Su trayectoria ha sido reconocida con numerosas distinciones, entre otras, Arquitecto de Colombia, 1986; Premio Federación Panamericana de Arquitectos, 1987; Premio Vitruvio 1994; Arquitecto de Latinoamérica, otorgado por el Comité internacional de Críticos de Arquitectura (CICA), en 1995.

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