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5 de noviembre 2002 - 00:00

Distinguió Bellas Artes a la artista Nora Iniesta

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Autorretrato con sus hermanos

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Una fotografía de fines de los años 40 y un autorretrato con sus hermanos fue la imagen de su propuesta. «Un camino que es imposible desandar, un trecho que cada cual ha caminado: la vocación elegida, un país donde decidimos vivir, desarrollarnos, crear, crecer. Allí se cruzan la identidad, la pertenencia de la más querida Patria: la nuestra», dijo la artista. «Nada es eterno, nada es para siempre. Pero hay un punto de partida -dijo el crítico de arte francés Pierre Restany -, algo que va modificándose y, a la vez, que persiste a través del tiempo».

Aunque es preciso observar que sus recuerdos de la infancia no son nostálgicos sino que se proyectan hacia el futuro. «No hay otros paraísos que los paraísos perdidos», es la cita de
Sus obras se enlazan con el mundo de los juegos con sus hermanos, aluden al azar en su historia personal. El mundo de su infancia y los elementos que la rodean (los juegos, los recuerdos, las manualidades) conforman el universo del que extrae sus imágenes.

Sus primeras obras estaban guiadas por preocupaciones formales: relaciones de las figuras en el espacio, tensiones entre éstas y los fondos de una composición. Pero a medida que avanza su búsqueda, aparecen imágenes reconocibles, que forman parte de un nuevo universo ligado a lo lúdico y lo cotidiano. Sus collages exhiben números de lotería, figuritas escolares, y sus objetos incorporan muñecas y fotografías antiguas, que aluden a los afectos y a la memoria de la artista, pero también convocan la sensibilidad del espectador.

Ya en su serie «La mesa está servida», objetos cotidianos como bandejas y platos, asociados a la actitud femenina y maternal, recuperan las cenas en bandeja, de su casa cuando era niña. Sobre las bandejas, las fichas de dominó y los dados , que se enlazan con el mundo de los juegos con sus hermanos, aluden al azar de su historia personal. Las cuentas de fantasía, que la artista-niña cosía junto a su madre en pulseras y collares, hoy se han transformado en metáforas de su quehacer estético que enhebra perlas de tiempo. En su muestra del año pasado en el Museo de Bellas Artes presentó fragmentos de obras realizadas en distintas etapas, pero unidas por un hilo conductor.





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