20 de enero 2000 - 00:00

"DOBLE RIESGO"

L a visión de «Doble riesgo» lleva a algunas reflexiones. Una de ellas es: ¿cómo es posible que los grandes estudios de Hollywood rechacen tantos guiones y terminen aceptando, por ejemplo, éste? La película es previsible, desapasionada y, a pesar de que intenta copiar a Hitchcock en motivos como el del «falso culpable», termina traicionándolo en uno de sus mandamientos centrales: el villano, decía sir Alfred, debe ser siempre inteligente y atractivo. El de esta película es un palurdo sin redención posible (se trata de la peor de las traiciones, pero hay más). La segunda de las reflexiones es de índole legal: el «doble riesgo» del título es una figura jurídica, según la cual una persona no puede ser juzgada dos veces por el mismo delito; sin embargo, la interpretación que hace esta película de esa figura es un poco retorcida. Libby, la heroína de la película, va a la cárcel porque un jurado la encuentra culpable del asesinato de su esposo -el palurdo, quien en realidad fraguó todo, y está vivo-. Una vez en la prisión descubre el engaño, y su compañera de celda la instruye: «Cuando salgas de acá debes ir a bus-carlo y vengarte, y nadie te podrá hacer nada; aunque le pegues un balazo en la cabeza, con todo Times Square como testigo, tú ya has sido juzgada por ese crimen y ningún juez te podrá condenar».
No queda claro, desde luego, si esta estrategia es mala ficción, como el resto de la película, o si de veras el sistema legal americano tolera de verdad ese plan legal de «pague hoy, mate mañana», aunque no buscado de manera deliberada por la sufrida Libby (eso justificaría por sí sólo el género judicial en Hollywood, siempre tan preocupado por las fallas del sistema).
Más allá de esas reflexiones, el resto del film es un trámite de escenas de relativo atractivo, en el que el espectador se sobresalta sólo por rutina: es tan obvio lo que va a pasar. Unicamente el vínculo que se va formando entre Libby ( Ahsley Judd) y Travis, su vigilante de conducta al salir de la cárcel ( Tommy Lee Jones), contiene algunos momentos de tensión, aunque tampoco le escape a lo previsible. Es buena la escena de la caída de Libby al río, esposada a un automóvil, o cuando debe escapar de un ataúd adonde ha sido encerrada por su conocido enemigo, al igual que la evolución de la relación entre ambos. Fuera de eso, nada más.

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