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11 de enero 2008 - 00:00

Duelo de actores en obra de Yazmina Reza

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Las actuaciones de Bettiana Blum y Luis Brandoni justifican por sí solas la visión de «El hombre inesperado», obra más literaria que teatral de Jazmina Reza
«El hombre inesperado» de Y.Reza. Dir.: L.Romero. Int.: L.Brandoni y B.Blum. Esc.: M.Valiente. Vest.: M. Colombo. Dis.Ilum.: G.Díaz (Multiteatro)

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En las obras de Yasmina Reza («Art», «Tres versiones de la vida») siempre hay lugar para el debate intelectual y también para el análisis de los conflictos vinculares. Sus personajes filosofan, opinan, discuten y se enfurecen con ese gusto tan francés por los duelos verbales, mientras sacan a relucir otras cuestiones de orden sentimental o ligadas a una cotidianeidad bastante más pedestre.

En «El hombre inesperado», Reza llevó al exceso este permanente discurrir sobre el arte y la vida, a riesgo de crear una obra más literaria que teatral. Eso es precisamente lo que le han criticado en cada una de las puestas que se conocieron en Europa. Objeción muy valedera, por cierto, ya que la acción dramática de esta pieza -de una hora y media de duración-está en la cabeza de cada uno de sus personajes, no en sus actos. Aún así, no deja de resultar interesante escuchar lo que piensa un escritor, descubrir el abismo que existe entre su mundo de ficción y su vida real, y de paso enterarse de las fantasías y asociaciones que despierta en sus lectores.

En este caso, se trata de una mujer que además de haber leído todos los libros de este autor cree estar enamorada de él desde hace años. Por esas vueltas de la vida ambos comparten un viaje en tren de París a Frankfurt. Ella lleva consigo la última novela del escritor, pero duda en sacarla de su bolso. El, en cambio, se dedica a rumiar sus pesares, mientras que poco a poca va percibiendo la presencia de esta desconocida.

Luis Brandoni compone a ese escritor de prestigio, pero tan mañoso que no puede disfrutar de su éxito, y mucho menos de sus buenas acciones. Vive con amargura sus primeros síntomas de envejecimiento, padece de insomnio, tiene desarreglos intestinales, su relación con las mujeres es meramente sexual, odia tener por yerno a un «viejo» de cincuenta años y -como era de esperar-se pone furioso cuando un crítico le hace alguna objeción. De tan insoportable resulta gracioso y Brandoni logra que el personaje resulte un poco más querible al explotar sus contradicciones con sobria naturalidad.

A su lado, Betiana Blum es dinamita pura. El rol que interpreta tiene un registro bastante más amplio que el de su partenaire. Su Martha es inteligente, coqueta, vana y bastantelanzada en cuestiones amorosas. En manos de una actriz tan visceral como Blum, las explosiones emotivas del personaje funcionan como una ráfaga de aire puro en medio de tanto discurso. Además, tiene a su cargo los mejores parlamentos de la obra (algunas reflexiones sobre el deseo, la amistad entre hombres y mujeres, la pérdida de alguien muy querido) y un par de pequeñas historias llenas de encanto, como aquella en la que describe la fobia de su hermano hacia las baldosas negras.

La puesta de Luis Romero genera un clima de agradable intimidad entre el escenario y la platea. Por eso mismo resultan innecesarios ciertos desplazamientos de los actores -y del dispositivo escénico-que refutan esta ilusión de estar viajando en tren. De todos modos, la calidad de este espectáculo es inobjetable, sobre todo por el desempeño de Blum y Brandoni.

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