Carice van
Houten es la
cantante judía
que busca
venganza tras
la ejecución
de toda su
familia por los
nazis, en el
fuerte film con
el que Paul
Verhoeven
vuelve a su
Holanda natal
y a su mejor
cine.
«Black Book» (Zwartboek; Holanda-Alemania, 2005, habl. en holandés). Dir.: P. Verhoeven. Int.; C. van Houten, S. Koch, T. Hoffman, H. Reijn, W. Kobus, D. de Lint.
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La resistencia antinazi y el colaboracionismo. Dos temas que en realidad son un solo asunto, tan difícil de contar que siempre queda desplazado por otras historias más heroicas de la Segunda Guerra Mundial.
Antes de partir a filmar sus antológicas guerras cósmicas en Hollywood, Paul Verhoeven tenía como tema principal la guerra, es decir, sus raíces. Títulos como «Soldado de Orange» o «Luchar por sobrevivir» son clásicos olvidados, simplemente por no haber tenido la difusión ni el presupuesto ni las estrellas de las futuras superproducciones del mismo director. Sin embargo, Verhoeven no olvidó esta vertiente de su obra, y pasó un par de décadas resolviendo cómo contar una historia difícil de resistencia y colaboracionismo con la producción adecuada, pero sin la contaminación que provoca el contacto con Hollywood.
El resultado es esta sorprendente «Black Book», que rápidamente podría describirse como un thriller bélico de esos que ya nadie filma, y que por otro lado, nunca llegaron a ser muy populares como subgénero del cine de guerra. La historia es la de una cantante judía, última sobreviviente de la masacre de toda su familia, traicionada por un entregador, que está decidida a todo, no sólo para seguir viva, sino también para encontrar y vengarse de aquel traidor.
La resistencia holandesa no es un reducto de antihéroes con actitudes o estrategias demasiado claras, como por ejemplo, los sufridos personajes del clásico en la materia «El Ejército de las sombras» de Jean Pierre Melville. En «Black Book» la resistencia es un nido de confusión, donde todos desconfían de todos, y la misión más importante que le es encomendada a la recién llegada es seducir a un oficial de la SS, que en un punto puede terminar resultando más confiable que algunos de los compañeros underground de la heroína.
El sexo y la violencia suelen ir juntos en el cine de Paul Verhoeven, pero siempre con una aproximacion cerebral que lo vuelve muy especial. En este contexto de traiciones y amenazas permanentes, Verhoeven se luce manteniendo el equilibrio de un guión que puede explotar en cada escena, tomando giros inesperados y mostrando imágenes fuertes, que difícilemente aparecerían en una producción hollywoodense. Lo duro de la historia obligó al director a medir su estilo y concentrarse en la verosimilitud de la puesta en escena, el tratamiento de la violencia, la ambientación de época y, sobre todo, de las actuaciones, muy creíbles y naturales aún en las situaciones mas ásperas y difíciles de manejar.
«Black Book» es dura y fuerte como el tema elegido por Verhoeven. No se la pierda.
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