9 de octubre 2008 - 00:00

Ed Harris devuelve al cine el western clásico

Ed Harris (también director), Viggo Mortensen y Jeremy Irons en «Entre la vida y lamuerte», film más para amantes del western clásico que para espectadores familiarizadoscon el revisionismo que caracterizó al género en las últimas décadas.
Ed Harris (también director), Viggo Mortensen y Jeremy Irons en «Entre la vida y la muerte», film más para amantes del western clásico que para espectadores familiarizados con el revisionismo que caracterizó al género en las últimas décadas.
«Entre la vida y la muerte» (Appaloosa, EE.UU., 2008, habl. en inglés). Dir.: Ed Harris. Int.: E. Harris, V. Mortensen, J. Irons, R. Zellweger, L. Henriksen, A. Nelson, A. Gil.

Como en la epoca de Randolph Scott, Ed Harris saca de la manga un as inesperado. Nada menos que un western de personajes y ambiente, y lleva al espectador al Nuevo México de 1880 sin preocuparse mucho por los aspectos revisionistas que han caracterizado a los escasos ejemplos del género en las últimas dos décadas.

Dos pistoleros son contratados para imponer la ley por sobre los abusos de un poderoso hombre de negocios en el pueblo del título original (Appaloosa), y en un momento uno de ellos explica la clave de la película: «Los sentimientos te matan». Es que en medio de los intentos de Ed Harris y Viggo Mortensen por hacer valer sus estrellas, aparece en el pueblo una viuda joven (Rene Zellweger) que complica las cosas trayendo nuevos conflictos, incluso poniendo a prueba la lealtad entre los dos amigos.

Tiene sentido que un gran actor como Ed Harris se preocupe especialmenter por la descripción de sus personajes a la hora de filmar un western, y en su particular visión del género, tiene ideas brillantes de casting, por ejemplo convertir a Jeremy Irons en un villano superlativamente creíble, que elude los lugares comunes de corrupto todopoderoso que hace lo que quiere con un pueblo. Por otro lado, éste es un western relajado, cuyas escenas violentas no están armadas en base al suspenso, sino como eventualidades inevitables en la vida de los dos pistoleros protagónicos, que cuando van a tirar, tienen claro que los otros tipos también tienen buena puntería.

La puesta en escena tiene un apoyo esencial en la labor del director de fotografía Dean Semler, y juega con esta idea de transportarse con toda naturalidad a fines del siglo XIX. Por ejemplo el tren que va llevando a un prisionero al patíbulo es observado desde lejos, no por los forajidos que quieren interceptarlo, sin por un puma y algún otro animalito de la pradera, en imágenes de gran atractivo que ayudan a darle un aire especial a un film que los amantes del western clásico van a apreciar especialmente, y que tal vez resulte un poco desconcertante para aquellos espectadores no tan familiarizados con los estilos más anticuados de este género inmortal.

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