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17 de junio 2008 - 00:00

EE.UU.: el 18 de febrero será el "Día D" digital

Los Estados Unidos cesarán sus transmisiones de televisión analógica el 18 de febrero de 2009. Desde ese momento, toda su TV será digital, lo que acarreará al principio múltiples problemas de adaptación, técnicos y políticos. Europa fijó esa fecha para el 3 de abril de 2010. México, y el resto de América latina, no comenzarían sus trasmisiones digitales hasta principios de la década de 2020

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Torres de transmisión de TV digital en los Estados Unidos. Se calcula que, en los primeros tiempos, más de 10% de la población (hispanos en primer lugar) quedarán sin recibir señal.
Los Angeles (Especial) - El Día D será el 18 de febrero de 2009. Ese día, los Estados Unidos producirán el llamado «apagón analógico», con lo que pondrán fin a más de 60 años de transmisión televisiva «convencional». Desde esa fecha, que ya comparan con la del fin de las máquinas de escribir y los discos de vinilo, toda transmisión de TV será digital. En Europa, la fecha fijada en principio por le Unión se extiende un poco más de un año de la norteamericana: sería el 3 de abril de 2010, aunque ya existen algunos países pioneros, como Luxemburgo o Finlandia, que ya reciben todas sus emisiones a través de la nueva tecnología digital. Para el resto del mundo, la entrada en la nueva era podría llegar a demorarse más de una década. Por caso México, pese a su vecindad con los Estados Unidos, cree que sólo estará en condiciones de realizar su conversión a la transmisión digital hacia 2021.

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De acuerdo con un artículo publicado por «Los Angeles Times», aquel país todavía está muy lejos de haberse adaptado al paso inminente en la historia de la radiodifusión. Si bien la mayor parte de los aparatos que actualmente reciben transmisiones analógicas de aire a través de cable o satélite está en condiciones de hacerlo con la nueva señal digital, sólo en el área de Los Angeles se contabiliza 20% de hogares que todavía ven televisión a través de antenas aéreas convencionales; es decir, que no están abonados a un sistema de cable o de televisión satelital. Esos hogares, aproximadamente un millón, dejarán de ver televisión a partir de ese día.

Según el diario, en muchos de esos casos se da la paradoja de que en sus hogares ya existen aparatos de televisión digitales o decodificadores especiales para los antiguos receptores, pero sus antenas continúan siendo las mismas de siempre. Y, como la señal digital no puede ser captada por esas antenas, el resultado será el mismo: estarán incapacitados para ver TV hasta que la reemplacen por una parabólica satelital, apta para la recepción digital.

Y, sin entrar en mayores detalles técnicos limitados a los EE.UU., hay numerosos aparatos decodificadores que también habrá que cambiar para adaptarse a los nuevos tiempos. El gobierno, a los fines de alentar esta conversión tecnológica, la más revolucionaria de comienzos de siglo, está entregando cupones de 80 dólares por hogar para que sea menos oneroso, en los sectores de menores recursos, el salto a la era digital. El programa para la entrega de cupones gratuitos comenzó el pasado 1 de enero, y el gobierno ya entregó cerca de 33,5 millones de dólares.

Casi como ocurrió con la revolución informática, la entrada en la nueva era de transmisiones televisiones digitales va a acarrear sus propios problemas de adaptación: no sólo por la impericia del público (al fin y al cabo, ver televisión es una actividad mucho más universal y «demográfica» que la de operar una PC), sino también por los inconvenientes propios del sistema en sus primeras etapas.

Por empezar: la señal digital es clara, firme y cristalina, pero se recibe o no se recibe. Esto es: no existe la posibilidad, como con la señal analógica habitual, de recibirla con «fantasmas» o con baja intensidad. Una de las costumbres típicas, como era la de mover y orientar la antena para mejorar la recepción, o la más antigua de « darle golpecitos» al aparato cuando no llegaba señal, desaparecerá por completo. Esto quiere decir que, en las primeras etapas, cuando haya algún problema meteorológico (como ocurre con la señal de DirecTV cuando llueve), el público se quedará sin televisión.

La ubicación geográfica del hogar también acarreará problemas, tal vez más graves. Si éste se encontrara en alguna zona circundada por cerros o montañas, los expertos calculan que en los primeros tiempos la señal digital tendrá muchos más inconvenientes en llegar que la analógica. En muchos de esos casos, los frustrados televidentes no tendrán más remedio que abonarse forzosamente a un sistema de cable.

El aspecto ético y político de este cambio, en los EE.UU., también es materia del estudio sociológico. Se calcula que, cuando se produzca el apagón analógico, del total de los televidentes que quedarían sin acceder a la TV si no realizan la adaptación necesaria, 17.7 por ciento está integrado por personas de origen hispano; 11.7 por ciento son asiáticos; 12.4% son afroamericanos; 8.8% son sajones blancos, y el resto corresponde a etnias diversas.

Una zona conflictiva será la de la frontera mexicana, donde se prevé que mucha gente opte por continuar recibiendo televisión analógica desde México antes que gastar en el recambio de equipos y antenas. Y esto tendrá un impacto fuerte para el gobierno, ya que será una enorme franja que dejará de ver televisión norteamericana, y para la publicidad. «México continuarátransmitiendo la señal análoga, que puede ser recibida por cualquier persona que no se haya deshecho de su viejo televisor análogo. Eso le ofrecería una ventaja competitiva a los canales mexicanos», declaró Barry Friedman, representante de la cámara de canales norteamericanos en español que transmiten cerca de la frontera. Ese organismo se dirigió al Congreso para solicitarle que las estaciones localizadas a una distancia de 50 millas con respecto a la frontera entre EE.UU. y México sigan transmitiendo en señal análoga durante cinco años. Los propietarios de esos canales temen perder una parte de la enorme torta publicitaria que se gasta en la TV en español en EE.UU., que en 2006 representó 3000 millones de dólares.

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