«Athestis Soloists» & Il Tempio Armonico. Obras de E. F. Dall Abaco, T. Albinoni, A. Vivaldi y B. Galuppi ( Teatro Coliseo.)
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Con la actuación de «Athestis Soloists & Il Tempio Armonico» se cumplió una nueva jornada del ciclo Nuova Harmonia de la Fundación Cultural Coliseum. Este conjunto es un desprendimiento de «Athestis Chorus & Academia de li Musici», que cuando se conoció en Buenos Aires, dejó una muy buena impresión. Ahora, vuelve como una agrupación de cámara que reúne a algunos de los más sobresalientes cantantes e instrumentistas del conjunto original.
Especialistas, sobre todo en materiales del período barroco, estos artistas italianos conformaron un programa que recorrió las constantes más significativas del estilo, utilizando instrumentos de época y adecuando las voces a las necesidades expresivas de ese tiempo de búsquedas constantes. El programa concertó autores y obras que fluctuaron entre lo muy conocido (Albinoni y Vivaldi) y otros menos escuchados en nuestro medio, como son las obras de Evaristo Felice Dall'Abaco (1675-1742), de quien se interpretó el Concierto Op. VI n° 7, en La Mayor, y las de Baldassare Galuppi (1706-1785), autor de la Sonata a quattro n° 2 en Sol Mayor y «Nisi Dominus», en Sol Mayor, creaciones que cerraron el concierto.
Tanto el «Magnificat en sol menor», de Albinoni y el «Nisi Dominus» en Sol Mayor son obras corales, que en esta ocasión, se ofrecieron en una versión para cuatro voces e instrumentos. Hubo una buena ejecución de los cuatro solistas, la soprano Roberta Pozzer, el contratenor Martín Barrera Oro, el tenor Vincenzo Di Donato (con algunas dificultades en el registro agudo) y el bajo Matteo Bellotto, quienes se alternaron en las partes solistas y las corales.
La obras mostraron no sólo el tono habitual de la música coral religiosa del barroco sino también originalidad en el tratamiento de las texturas vocales, lo que contribuyó de manera decisiva a consolidar el estilo declamativo y de honda expresividad que fue una de las premisas de su época. Los instrumentos (se incluyó además de las habituales cuerdas, un órgano y un arpa doble) tuvieron excelentes intérpretes consustanciados con los «tempi» de la época y con la afinación en boga, aunque a veces algunos les juegan malas pasadas a los eventuales ejecutantes como fue el caso de Davide Monti, en el endemoniado Concierto «El favorito», en Mi menor, para violín y cuerdas RV. 277, de Antonio Vivaldi. En el andante central, la afinación del violinista fue errática.
De todas maneras, salvado este escollo, lo demás se oyó bien y resultó por momentos una sensible muestra de la música generada en el riquísimo período barroco.
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