"El cine de Maite"

Espectáculos

«El cine de Maite» (Argentina, 2008, habl. en español). Dir.: F. Palazzo. Int.: V. Saccone, A. Navarro, L. Capello, J.M. Tenuta, A. Martínez, J.L. Alfonzo, J. Viale, M. Vicente, I. Quinteros, N. Pons, M. Scapparone, O. Santoro, R. Lavié.

Envuelta en un dolor muy hondo, Maite se lanza por los caminos a bordo del cine ambulante que fue de su padre. Es cierto, hubo entre nosotros, en un tiempo, pequeños exhibidores que andaban de pueblo en pueblo brindando funciones de cines ambulantes. Incluso (permítasenos la digresión) hubo en los 90 unos cines ambulantes bien actualizados, señoras combis con equipos de cine y video de última generación, que el Incaa regaló, una para cada provincia, y que varias provincias reconvirtieron a su gusto, usaron para campañas electorales, desmantelaron, etcétera. En fin, las buenas intenciones suelen chocar con las mezquinas realidades. Algo así, también, le pasa a esta película, que de algún modo rinde sus homenajes.

En efecto, «El cine de Maite» evoca, aunque vagamente, el oficio de aquellos lejanos exhibidores, destaca el gusto de la gente por algunas obras nacionales, y los hábitos que viejos espectadores aún reconocen inspirados en la pantalla («¿la cosa viene de ' usted', como en las películas de Julia Sandoval?», le preguntaa la chica un galán maduroen plan de conquista). Hay algo más, y es que formal y argumentalmente la película rinde también homenaje de cuerpo entero a un despreciadocine popular, que llenósalas de barrio hace ya demasiado tiempo, un cine ingenuo, de personajes coloridos y sentimientos nobles, donde el personaje protagónico ayuda o al menos acompaña a todo el mundo, simplemente porque es una buena persona, y después, lógicamente, cosecha lo que siembra. La gente de antes era buena, por lo menos en las películas. Para el caso, Maite va por los caminos, alguien la sigue por amor, alguien se fuga de un penal de menores, o de un futuro casamiento (y ella es cómplice, de modo que también la seguirá la policía), muchos reciben su ayuda (digamos, ancianos, deficientes, hetairas descentradas, etc.), y sabrán agradecerle cuando ella, a su vez, también los necesite. La película ha querido ser como aquellas películas, y en cierto modo lo es, con sus defectos, que abundan aunque no hagan mayor daño, y con su nobleza de sentimientos, que quiere ser como una oferta de aire limpio. Pero el público, al menos aquí en esta ciudad, ya no es el mismo.

Dirigió, debutando en cine, Federico Palazzo, que ha tenido mucha más pegada en montones de programas televisivos.

P.S.

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