5 de mayo 2008 - 00:00

El cine reconstruye un crimen

Andrés Veiel, un notable documentalista alemán a quien preocupa el tema de la violencia juvenil, que ha tratado en varios de sus films.
Andrés Veiel, un notable documentalista alemán a quien preocupa el tema de la violencia juvenil, que ha tratado en varios de sus films.
El alemán Andrés Veiel es cordial, simpático. Sus films son bien duros. «Caja negra» confronta la vida de un banquero ejemplar y la del terrorista que lo mató. «Der Kick» (algo así como «la patada») muestra las confesiones de tres asesinos adolescentes y sus padres. Veiel presentó esta última en el Instituto Goethe, y pronto, en el 10º Festival de Cine Derhumalc, volverá a mostrarla como disparador de discusiones sobre violencia juvenil. Dialogamos con él. Periodista: Comparado con los anteriores, su documental «Pasión por actuar», que simplemente sigue la formación de unos estudiantes de teatro, es un verdadero bálsamo.

Andrés Veiel: Yo mismo necesitaba hacerme ese regalo. Pero haciéndolo también descubrí cosas feas: pérdida de inocencia, profesores crueles, con un poder increíble para deformar o destruir a sus alumnos. Difícil evitarlo, mi cine tiene un tema que declina en todas sus variantes. Yo también soy producto de mis mayores, pero no lo veo en el sentido sencillo de causa-efecto, sino como un enredo trágico, que debo estudiar y transparentar para poder seguir adelante.

P.: ¿Como planteó en «Los sobrevivientes»?

A.V.: La obra que más me costó. Primero quise rendirle homenaje a un amigo muerto, pero durante la preparación descubrí que había violado a una amiga. Eso me modificó su imagen. ¿Podía seguir adelante? ¿O acusarlo cuando él ya no podía defenderse? No reduzco su responsabilidad, pero debo interpretarla dentro de su debido marco. Nada se explica con tesis simples y generales. Por eso fracasó la izquierda. Explicar el mundo con categorías de blanco-negro, arriba-abajo, no funciona. Hay que considerar estructuras más complejas, y móviles. Y decir la verdad.

P.: A propósito, ¿cómo logró que el padre del terrorista confiese haber sido voluntario de las SS en «Caja negra»?

A.V.: ¡Luchamos una tarde entera! Luego le mostré la escena, y estuvo de acuerdo. Días después me llamó: «No puedo dormir, saque esa escena o voy con mi abogado». Lo invité a la privada. Termina la película, y un periodista lo felicita: «Ojalá mi padre se hubiera sincerado conmigo como ha hecho usted». El viejo me mira: «Usted me mandó a este tipo para convencerme». ¡Yo ni lo conocía! Ahí intervino su abogado, ¡pero a favor nuestro! Es que pocos padres alemanes se animaron a confrontar su pasado con sus hijos. Y en este caso hubo una suerte de traslación: el hijo no mató al padre, sino al banquero que también tenía un pasado nazi, aunque solo como escolar modelo de un colegio de élite del Partido.

P.: Hablamos de Alfred Herrhauser, presidente del Deutsche Bank, asesinado en 1989, al que sus empleados agradecen haberlos liberado «del sentimiento de culpa de ganar mucho dinero», y México agradece haber intercedido por su deuda externa.

A.V.: No una condonación, sino una ampliación de cuotas, lo cual, de todos modos, enemistó al Deutsche con otros bancos que no podían amortizar tantos créditos perdidos. Por ahí sostienen, sin pruebas, que alguien de la propia banca americana instigó a los terroristas de la Rote Armee Fraktion, los que odiaban a Herrhauser justamente porque quería el mejoramiento del sistema. Para ellos era «un lobo con piel de cordero» que empujaba Alemania hacia el fascismo. Es cierto que se limitó la democracia, y la policía abusaba, pero hablar de fascismo era un absurdo.

P.: ¿Qué recepción tuvo la película?

A.V.:
Unos me criticaron que « humaniza al capitalista», y otros que, al darle una familia, «humaniza al terrorista» (que además murió cuando ya estaba detenido). Inclusive algunos se metieron varias veces en mi estudio, me vigilaron, me enviaron vagas amenazas.

P.: ¿También tuvo problemas con «Der Kick», sobre tres chicos que mataron a otro a patadas?

A.V.: Quizá me acerqué a ellos y sus padres demasiado pronto, apenas dos años después de los hechos. Primero me rechazó todo el pueblo, un pueblo de Alemania Oriental, cerca de Polonia, con mayoría de desocupados. Accedieron cuando les dije que buscaba datos para una obra de teatro. Para ellos el teatro no significa gran cosa. Sólo a la quinta entrevista me permitieron poner un micrófono. De a poco, junto al rechazo, fue surgiendo la necesidad de hablar, y se quebraron. La obra de teatro resultante, donde dos personas asumen diferentes personajes, comprime 1500 páginas de entrevistas que hice, el protocolo de interrogación judicial, y los informes psiquiátricos. Muy importante: ninguna frase es inventada. Así, con esa obra (que aquí traigo en forma de registro cinematográfico) he recorrido más de 30 escenarios, y muchísimas escuelas, inclusive de otros países, ya que el tema de la violencia juvenil preocupa por igual a maestros y alumnos.

P.: La violencia, un tema permanente.

A.V.: Siempre la hubo, pero antes se respetaban los límites. Ahora la moda es golpear al caído y seguir golpeándolo sin piedad. ¿Culpa de los medios, de las películas violentas, de la falta de futuro, del alcohol, de la pretendida superioridad que provoca humillar a otro, del vacío de responsabilidad de padres y autoridades, de la comunidad democrática que se disgrega y mira para otro lado? Estos hechos surgen del centro de la sociedad. Mi obra intenta hacer visible ese centro. Quiero charlar con la gente al respecto.

Entrevista de Paraná Sendrós

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