4 de marzo 2008 - 00:00

"El musical creció tanto que hasta mejoró la TV"

Karina K.: «A partir de los 90, el género musical se asentó en nuestro país y fue creando escuela. Hoy no hace tanta falta irse para perfeccionarse en este campo».
Karina K.: «A partir de los 90, el género musical se asentó en nuestro país y fue creando escuela. Hoy no hace tanta falta irse para perfeccionarse en este campo».
Cuando finalicen las funciones de «Cabaret», a fines de marzo, la actriz Karina K. dejará a Sally Bowles («la defino como una punk de los '30") para dar vida a Rosita de La Plata, mítica écuyère por cuyos amores disputaron Pepe Podestá y el famoso clown Frank Brown. Son el trío protagónico de «Pepino el 88», una comedia musical escrita y dirigida por Daniel Suárez Marzal que se estrenará el 15 de mayo en el Teatro Presidente Alvear. Víctor Laplace encarnará a Podestá, el creador de Pepino el 88 y gran pionero del circo criollo, mientras que Alejandro Paker -actual maestro de ceremonias de «Cabaret»- será su rival inglés. Dialogamos con ella:

Periodista.: A excepción del «Drácula» de Cibrián-Mahler (donde interpretó a Lucy) usted sólo trabajó en musicales de Broadway. Pero ahora va a protagonizar « Pepino el 88» que es un musical argentino. ¿Hay una «nacionalización» del género?

Karina K.: Sería fantástico. La comedia musical tardó mucho tiempo en imponerse en la Argentina. Sólo en los años '90, cuando se estrenó «Los miserables», «La bella y la bestia» y otros títulos más, se empezó a reconocer que aquí había muy buenos bailarines, cantantes y actores, y que no era necesario ir a estudiar a Nueva York porque aquí había muy buenos profesores. El género musical creció tanto en los últimos años que, inclusive, uno puede ver su influencia en realities como «Operación Triunfo» o «Bailando por un sueño». Mejoró la televisión.

P.: Usted debutó en « Sugar» en 1986 como integrante del cuerpo de baile. ¿Qué hizo después?

K.K.: Me fui a estudiar teatro a Barcelona durante ocho años. Hice tantos seminarios que terminé armando «Antidivas», un unipersonal de una hora y veinte que llevé de gira por España. De ahí salieron la tanguera Miranda Desazón, la italiana Rosanna Tortiglione que era una mezcla de Iva Zanicchi, Mina y Oriana Fallaci, y Janis Chaplin, una hippie terriblemente agresiva.

Después lo estrené en Buenos Aires dirigida por Tino Tinto. Antes de eso me ganaba la vida en un teatro de revistas.

P.: ¿Con ropa o sin ella?

K.K.:
¡Nooo, era un teatro demasiado naif!

P.: ¿Y el famoso destape español?

K.K.: Le explico. En Barcelona había tres tipos de teatro. El «Apolo» donde se hacía revista, pero muy a la antigua. Si le muestro los programas se va a reír muchísimo, parecemos de los años '60. Después estaba el «Teatro Arnau» donde las bailarinas hacían topless y por último, el teatro porno. Sólo existían esas tres posibilidades y yo caí en el lugar más tranquilo, adonde van los abuelos.

P.: Háblenos de «Pepino el 88»

K.K.: Tiene que ver con los orígenes del teatro en la Argentina, entre fines del siglo XIX y principios del XX. Narra el encuentro entre el famoso Pepe Podestá, el clown criollo, y Frank Brown, el clown inglés. Entre ellos había cierta rivalidad artística y además se disputaban a la misma mujer, Rosita de La Plata, que se había entrenado en Inglaterra para hacer sus acrobacias a caballo.

P.: ¿El conflicto está centrado en esta historia de amor?

K.K.: Sí, pero también se incluyen otros incidentes. Hay una interesante recreación de lo que fue el circo criollo y están todos los personajes de la época, como Carlos Pellegrini que era senador en ese momento. El le dio un gran apoyo al circo; así como los «niños bien» le declararon la guerra. Cuando se festejó el centenario de la Revolución de Mayo incendiaron la carpa de Frank Brown porque estaba en la calle Florida que era considerada una zona paqueta. Inclusive el diario «La Prensa» definió al incidente como «la gran marcha de los patriotas». No era una cuestión de nacionalidad, simplemente no quedaba bien que la carpa del circo estuviera instalada ahí. Algo parecido a lo que sucedió con Raúl Castells, el dirigente piquetero, cuando le clausuraron el comedor comunitario en Puerto Madero.

P.: Cambiando de tema ¿Cómo se lleva con la televisión?

K.K.: Hice: «Son de fierro», «La niñera», «Casados con hijos»... Pero el teatro es mi hogar; la televisión es para mí un hotel: toco y me voy.

P.: ¿Usted no hacía de enfermera desquiciada en «Una de dos»?

K.K.: Ah, sí. Empezó con un triángulo amoroso y a mí me llamaron para romper ese triángulo; pero fue un desastre, escribían el guión de un día para el otro y nunca podía saber como venía mi personaje. Finalmente se convirtió en una especie de «Misery», una enfermera obsesionada hasta la locura que terminó haciendo gualichos. Era todo tan absurdo y ridículo que decidí llevar mi actuación al mínimo, porque con esos textos tan increíbles, mejor no hacer nada.

P.: Sabemos que debe su nombre artístico a Batato Barea. Pero, ahora en esta era K... ¿no es motivo de bromas?

K.K.: Hace más de veinte años que llevo ese nombre. Pero de tanto en tanto alguien se confunde. El año pasado ocurrió algo muy gracioso en el teatro. Un señor se acercó a preguntarle al que corta las entradas en la puerta: «¿Qué actriz va a reemplazar a la Radano?» y el hombre le respondió: «Cristina K».

Entrevista de Patricia Espinosa

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