12 de abril 2009 - 20:45

«El niño pez»

Inés Efrón y Emme en «El niño pez», segundo largometraje de Lucía Puenzo después de «XXY».
Inés Efrón y Emme en «El niño pez», segundo largometraje de Lucía Puenzo después de «XXY».
«El niño pez» (Arg.-Fr.-Esp., 2009, habl. en esp. y guar.); Guión y dir.: L. Puenzo; Int.: I. Efrón, Emme, A. André, S. Guida, P. Munné, C. Bardem, D. Velázquez.

Amores tortuosos y un niño más pato que pez

El amor correspondido de una muchachita frágil por la doméstica de la casa (amada físicamente por el dueño de casa), es la única guía más o menos clara de una tortuosa historia de búsquedas, indagaciones, robos, traiciones, fugas, encubrimientos, viajes entre pasado y presente, y desde Zona Norte hasta un mítico lago paraguayo, donde algunos dejan ofrendas en homenaje a un niño más bien palmípedo, y viceversa, desde la inmersión en ese lago y el encuentro con el niño, hasta el salvataje a tiro limpio de la persona amada, y la posterior explicación del mito, que es también la explicación del pasado, para iniciar, en una de esas, un futuro.

Combinando sucesivas dosis de romance, drama pasional, policial, carcelario, inclusive prostibulario, con algo de realismo mágico en día nublado y crítica de costumbres, Lucía Puenzo avanza como cineasta, y en ese sentido conviene seguirla. Hay varias escenas apreciables en esta obra, que incomodan del modo más simple, como una en que Inés Efron se corta el pelo con una tijerita escolar en la bañera. Sin embargo, su relato se ve afectado por ciertas soluciones inconvincentes, de difícil aceptación inmediata, entre ellas la escena del rescate, lo que es una falta grave.

Quien haya leído la novela de la propia Puenzo, calificada de «ágil, sórdida y divertida», lamentará que la película sea sólo ágil y sórdida, pero igual apreciará el modo en que ella supo variar y enriquecer la estructura, sintetizando de paso climas y personajes. Lamentará en cambio el desplazamiento del narrador, que en la novela es un perro, no tan inteligente y sobrador como el de la vieja historieta «Mi novia y yo» (Robin Wood, dibujos de Carlos Vogt), pero igualmente ideal para aportar el costadito irónico, que ahora se extraña.

Bien Efron, refrescante Arnaldo André, el único que habla y actúa de forma natural, mientras otros parecen estar todo tiesos, recitando, y buen debut de Emme, que realmente está para ser amada por la cámara.

P.S.

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