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1 de febrero 2008 - 00:00

El Palais de Glace alberga tres atractivas muestras

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Una imagen del «Laberinto» de Linda Kohen que se exhibe en el Palais de Glace, donde también se puede ver una muestra de fotografías de Carlos Rozensztroch y obras del patrimonio de la institución.
El laberinto de Linda Ko-Ehen ocupa la planta baja del Palais de Glace (Posadas 1725), simboliza, según sus palabras, nuestra incertidumbre, nuestra búsqueda.

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Según el Diccionario de Símbolos (Cirlot), el laberinto es una construcción arquitectónica sin aparente finalidad, de complicada estructura y de la que, una vez en su interior, es imposible o muy difícil encontrar la salida. Es inevitable asociarlo con varios relatos y poemas de Borges que intentó describir el caos o el deseo de encontrar un orden y la verdad que están en el centro.

Y en este centro, señala Eliade, está el acceso iniciático a la sacralidad, a la inmortalidad y la realidad absoluta, una suerte de prueba como la lucha contra el dragón. En «El Jardín de los senderos que se bifurcan», Borges comenta acerca del laberinto que descubre en un libro: «Era un símbolo de perplejidad, un símbolo de estar perdido en la vida, creo que todos, alguna vez, nos hemos sentido perdidos».

Caminar por el laberinto de Kohen artista nacida en Milán que estudió en Buenos Aires con el maestro Horacio Butler y en Montevideo, donde vive, con Alpuy, Augusto Torres y Gurvich en el Taller Torres García hasta su cierre nos aisla del mundo exterior; es por momentos desestabilizador, se pierde la orientación hasta que uno se rinde y se deja llevar por lo misterioso y el hechizo de lo desconocido, todo ello enfatizado por la extraña música compuesta especialmente por Coriun Aharoian. Se entra así en una zona de pensamiento, de sentimiento, de significación, de encuentro con uno mismo, que revaloriza el sentido romántico de utopía que solía ostentar el arte.

  • Viajero

  • Carlos Rozensztroch no es un turista con cámara en mano. Es un viajero y de ello da testimonio a través de una serie de fotografías centradas en el ser humano. Son seres que encuentra y, sin invadir su intimidad, les pide permiso para intentar revelar lo recóndito de una mirada. Se encuentran así la suya a través de su lente escudriñadora y la de esos seres, en general, marginales que habitan o se desplazan por el planeta, una realidad diversa y también lejana.

    Toma directa, fidelidad, personajes distantes, énfasis en los rostros y en la mirada, generalmente acusadora, así lo siente el contemplador.

  • Patrimonio

    También en el primer piso del Palais se exhiben las obras de su patrimonio, continuando con la iniciativa del año pasado de recuperar para el público aquellas que están en su depósito así como dar cuenta del desarrollo y evolución del arte argentino. En esta ocasión las obras correspondientes a los importantes premios de distintas disciplinas, pintura, grabado, dibujo, textil, fotografía, realizadas en blanco y negro, cubren el período 1959-2007 y son reveladoras de la calidad y creatividad de nuestros artistas.Las tres muestras clausuran el 24 de febrero.
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