Un poco a la manera de los grandes oratorios del Barroco y del mismo Romanticismo con el que
La interpretación de
Intensidad y pasión sumadas a una serena resignación se polarizan en los siete números. La densidad orquestal se equilibró con las sutilezas vocales del Orfeón, que valorizó las texturas polifónicas, expuso con convicción la belleza de los textos sagrados (que fueron subtitulados) y con refinamiento los «pianissimi», a los que en muchos momentos acude
Orquesta y coro respiraron con la dinámica justa producto de un gesto sobrio y del pulso del conductor. Tanto la voz de la soprano