30 de noviembre 2005 - 00:00
"Empecé a investigar por el 'dinosaurio vivo' de Chubut"
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«Los millonarios norteamericanos que compraron estancias
en la Patagonia están fascinados con sus antecesores bandoleros
», señala el escritor Francisco Juárez.
«Había ido a entrevistar a Frondizi, al que lo habían pasado de estar preso en la isla Martín García a Tunquelén. Era el mismo día que asumía Illia, el 7 de julio de 1963. Frondizi me dijo que no quería hablar, pero dado que yo venia de Buenos Aires me iba a atender diez minutos. Nos quedamos horas. Nos pusimos a charlar sobre la Patagonia, tema que le apasionaba, y de pronto llamó a González, su secretario, y le dijo: Venga, usted que dice que no hay jóvenes que se preocupen por la Patagonia, escuche a éste. Yo le estaba contando que empecé investigando a un buscador de oro que se hacia pasar por sheriff, Martín Sheffield, que había inventado que existía un dinosaurio vivo en Chubut, pero que ahora estaba siguiéndole el rastro a dos cowboys bandidos, Santiago P. Ryan y Enrique-Place que con una mujer vivieron en Cholila. Seis años después, cuando vi en el cine «Butch Cassidy», confirmé que eran los que habían vivido en Cholila con otros nombres, y que yo tenía datos y documentos sobre ellos que no se conocían», recuerda Francisco Juárez, que acaba de publicar «Historias de la Patagonia», donde reúne algunas de sus investigaciones sobre curiosos sucesos y asombrosos personajes que poblaron la Patagonia a fines del siglo XIX y comienzos del XX.
«Mi pasión por las historias patagónicas empezó de manera curiosa, yo era andinista y andaba siempre por el sur. En las andanzas por las montañas con unos amigos, recuerdo que queríamos escalar el cerro Tres Picos, cerca del Bolsón, nos enteramos del invento de Martín Sheffield. El tipo era buen jinete, tenía gran puntería pero no era un bandolero. Se decía sheriff, andaba con una estrella en la solapa. Me divirtió que en 1922 propalara que un plesiosaurio andaba por ahí. Y que el director del zoológico, Clemente Onelli, que sabía que eso no podía ser cierto, le siguiera el juego y le diera manija en los diarios. Algunos lo tomaron en serio, otros en lo que era, una broma. Lo cierto es que se organizaron expediciones en busca del dinosaurio. Eso ayudó, en el fondo, a que se estableciera el Parque Nacional Nahuel Huapi. En mi búsqueda documental de éste asunto me encontré con los hijos de Sheffield. Quise comprarle la estrella de sheriff, pero lo único que conseguí es que me vendieran su último rifle de caza», cuenta Juárez. Al periodista no le asombra que la historia del dinosaurio vivo sea el tema de la novela «El lago», con la que la escritora rionegrina Paola Kaufmann semanas atrás ganó el premio Planeta de este año. A él, sus investigaciones sobre «el caso Sheffield» , lo llevaron a Nueva York y a Hollywood, donde estuvieron a punto de convertirse en una película.
«Empecé escalando montañas y cuando ya no pude subirlas, las bajé, me dedique a esquiar. En el medio fui encontrando estas curiosidades. Es decir que hace cuarenta años que vengo haciendo investigación documental sobre la Patagonia», a Juárez no le fallan las cuentas ni el humor. Y la calidad de sus investigaciones ha hecho que lo consultaran desde el escritor británico Bruce Chatwin a Ward Lay, el magnate de las papas fritas, que se asoció con Rutini en vinos, y tiene un estancia en la Patagonia.
«Chatwin me visitó antes de escribir 'En Patagonia', nos hicimos amigos y le sugerí algunos personajes.Yo aparezco en su libro, y me hace decir que en Río Pico murieron Butch Cassidy y Sundace Kid, lo que no es verdad. Lo atacaron mucho porque mintió y adornó los hechos, pero todo lo escribió maravillosamente», comenta Juárez. En cuanto al magnate de las papas fritas Lay's, se divierte recordando cuando lo invitó a su finca porque quería saber si era pariente de Elsa Fry, el amigo más querido de Butch Cassidy.
Máximo Soto


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