30 de noviembre 2005 - 00:00

"Empecé a investigar por el 'dinosaurio vivo' de Chubut"

«Los millonarios norteamericanos que compraron estanciasen la Patagonia están fascinados con sus antecesores bandoleros», señala el escritor Francisco Juárez.
«Los millonarios norteamericanos que compraron estancias en la Patagonia están fascinados con sus antecesores bandoleros », señala el escritor Francisco Juárez.
Arturo Frondizi, el magnate de la papas fritas Fry's, el escritor inglés Bruce Chatwin y varios directores de cine surgen inesperadamente al charlar con Francisco Juárez sobre «Historias de la Patagonia». Detalladamente pasa de contar como se trajeron truchas de Nueva York para poblar los ríos de la Patagonia a mostrar como durante un tiempo, cuando vinieron pioneros norteamericanos a la Argentina, nuestro sur fue una especie de far west, con bandoleros famosos como Butch Cassidy y Sundance Kid, y otro menos famosos pero más siniestros.

Seis años antes de que se estrenara «Butch Cassidy», la película protagonizada por Paul Newman y Robert Redford, la historia real de los famosos asaltantes de bancos que emigraron a la Argentina se la contó Juárez a Arturo Frondizi.

«Había ido a entrevistar a Frondizi, al que lo habían pasado de estar preso en la isla Martín García a Tunquelén. Era el mismo día que asumía Illia, el 7 de julio de 1963. Frondizi me dijo que no quería hablar, pero dado que yo venia de Buenos Aires me iba a atender diez minutos. Nos quedamos horas. Nos pusimos a charlar sobre la Patagonia, tema que le apasionaba, y de pronto llamó a González, su secretario, y le dijo: Venga, usted que dice que no hay jóvenes que se preocupen por la Patagonia, escuche a éste. Yo le estaba contando que empecé investigando a un buscador de oro que se hacia pasar por sheriff, Martín Sheffield, que había inventado que existía un dinosaurio vivo en Chubut, pero que ahora estaba siguiéndole el rastro a dos cowboys bandidos, Santiago P. Ryan y Enrique-Place que con una mujer vivieron en Cholila. Seis años después, cuando vi en el cine «Butch Cassidy», confirmé que eran los que habían vivido en Cholila con otros nombres, y que yo tenía datos y documentos sobre ellos que no se conocían»,
recuerda Francisco Juárez, que acaba de publicar «Historias de la Patagonia», donde reúne algunas de sus investigaciones sobre curiosos sucesos y asombrosos personajes que poblaron la Patagonia a fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Juárez, conocido en el mundo del periodismo como El Negro Juárez, participó de «Primera Plana», fue Secretario de Redacción de «Panorama», «Siete Días», y «Gente», entre otros semanarios. Sus libros «Los bandidos rurales», «Guía de turismo en estancias», la novela histórica «Vieytes el desterrado», entre otros, siempre surgieron de un pedido de editoriales. Si bien hace unos años Juárez se alejó de las redacciones, no dejó de escribir en algunos medios. Desde mayo de 2001 tiene una página dominical en el diario «Río Negro» de General Roca donde vuelca «las historias que nunca se cuentan de la Patagonia» y que han comenzado a transformarse en libros.

«Mi pasión por las historias patagónicas empezó de manera curiosa, yo era andinista y andaba siempre por el sur. En las andanzas por las montañas con unos amigos, recuerdo que queríamos escalar el cerro Tres Picos, cerca del Bolsón, nos enteramos del invento de Martín Sheffield. El tipo era buen jinete, tenía gran puntería pero no era un bandolero. Se decía sheriff, andaba con una estrella en la solapa. Me divirtió que en 1922 propalara que un plesiosaurio andaba por ahí. Y que el director del zoológico, Clemente Onelli, que sabía que eso no podía ser cierto, le siguiera el juego y le diera manija en los diarios. Algunos lo tomaron en serio, otros en lo que era, una broma. Lo cierto es que se organizaron expediciones en busca del dinosaurio. Eso ayudó, en el fondo, a que se estableciera el Parque Nacional Nahuel Huapi. En mi búsqueda documental de éste asunto me encontré con los hijos de Sheffield. Quise comprarle la estrella de sheriff, pero lo único que conseguí es que me vendieran su último rifle de caza»,
cuenta Juárez. Al periodista no le asombra que la historia del dinosaurio vivo sea el tema de la novela «El lago», con la que la escritora rionegrina Paola Kaufmann semanas atrás ganó el premio Planeta de este año. A él, sus investigaciones sobre «el caso Sheffield» , lo llevaron a Nueva York y a Hollywood, donde estuvieron a punto de convertirse en una película.

«Empecé escalando montañas y cuando ya no pude subirlas, las bajé, me dedique a esquiar. En el medio fui encontrando estas curiosidades. Es decir que hace cuarenta años que vengo haciendo investigación documental sobre la Patagonia»,
a Juárez no le fallan las cuentas ni el humor. Y la calidad de sus investigaciones ha hecho que lo consultaran desde el escritor británico Bruce Chatwin a Ward Lay, el magnate de las papas fritas, que se asoció con Rutini en vinos, y tiene un estancia en la Patagonia.

«Chatwin me visitó antes de escribir 'En Patagonia', nos hicimos amigos y le sugerí algunos personajes.Yo aparezco en su libro, y me hace decir que en Río Pico murieron Butch Cassidy y Sundace Kid, lo que no es verdad. Lo atacaron mucho porque mintió y adornó los hechos, pero todo lo escribió maravillosamente»,
comenta Juárez. En cuanto al magnate de las papas fritas Lay's, se divierte recordando cuando lo invitó a su finca porque quería saber si era pariente de Elsa Fry, el amigo más querido de Butch Cassidy.

La historia de una inglesa que se convirtió en bandolera en la Patagonia, adelanta Juárez que será su próximo libro. «Contaré de Elena Greenfield, que se fugó de Inglaterra, se fue a Chile antes de terminar el siglo XIX y se casó con un chileno mucho mayor que ella, luego pasaron a la Patagonia y arrendaron una estancia. el marido desaparecey ella se dedica a robarganado. A partir de ese momento comienza un sucesión de situaciones absolutamente cinematográficas, hasta que termina aseinada por el policía Félix Valencia en Chubut». Aunque Juárez se define como un cronista, como un investigador que vive documentándose en el Archivo General de la Nación, en hemerotecas, «en todo lugar donde pueda encontrar datos ciertos», las situaciones que relata son tan «absolutamente cinematográficas» que ha llevado a que muchos directores de cine se interesen por sus textos. En el caso de la historia de Elena Greenfield ya tuvo pedidos de Oscar Barney Finn, de Héctor Olivera, y uno del exterior que pareciera querer mantener en secreto.

Máximo Soto

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