La escultura de Pájaro Gómez, instalada frente al mar (dos formas que se desplazan sobre su eje por la acción del viento), impresiona por su tamaño y al mismo tiempo por su levedad.
Hacia la década del 90 conocimos la obra de Pájaro Gómez a través de las diferentes convocatorias realizadas por la Fundación Urunday en Resistencia, Chaco, época en la que surgieron nombres clave de la escultura argentina.
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En 1995 obtuvo el Premio Trabucco por una obra en la que combinaba sutilmente la madera y el metal, y en la que se producían constantes transformaciones a partir del movimiento de las paralelas que se recortaban en el espacio.
Un jurado compuesto por Rafael Canogar (España), Roel Teeuwen (Holanda) y Evandro Carneiro (Brasil), le otorgó el Gran Premio de la Primera Bienal Internacional (1998, Chaco) por una obra de gran envergadura en la que desarrolló el desafío que significa la tensión en escultura, un arco y una flecha a punto de ser disparada y que en su momento señalamos la necesidad de que fuera emplazada en un lugar libre de toda contaminación visual.
En diferentes reseñas sobre su obra, destacamos cómo sus esculturas provocaban intriga e inquietud. En el primer caso porque se creía que las piezas que las integraban eran objetos encontrados. No era así, estaban recreadas por el artista. Y en el segundo caso por su parentesco con elementos cortantesde aire amenazador estableciendo juegos geométricos en el espacio.
A propósito, debe recordarse que este artista practicaba arquería, «el arco y la flecha, de acuerdo al 'Zen y el Arte de los Arqueros Japoneses', no son sino un mero pretexto para alcanzar algo que podría suceder sin ellos; son sólo el camino hacia una meta y no la meta misma». Por eso, Nelly Perazzo señala que «lo obsesionaba esa fuerza contenida a la que le costaba desencadenar para llegar a un objetivo».
Otra característica de este artista de vasta trayectoria era el osado ensamble de metales, vidrio, madera, cables de acero, armoniosamente integrados.
Gracias labor de Teresa Nachman, galerista con más de 30 años en la difusión del arte argentino, y a una empresa local, una importante escultura de este artista acabade ser emplazada en Pinamar (Avenida Bunge y Del Mar). Se trata de «Dibujando Espacios», obra móvil de 7.80m X 2.70m x 9.m de altura, en acero inoxidable. Para el artista, el lugar elegido hace referencia a los comienzos de la actual pujante ciudad balnearia, a los pioneros que dibujaron espacios y los crearon que sólo tenían ante sus ojos, el mar, las olas y el viento.
La compleja escultura está conformada por dos formas que se desplazan sobre su propio eje a partir de la acción natural del viento que generan nuevas y diversas formas en el espacio. La obra instalada frente al mar impresiona por su tamaño pero a su vez, por su levedad, la tensión y la energía que se desplaza hacia aquel que la observa. Pinamar tiene ahora una obra de arte que, es de desear, se convierta en símbolo de la ciudad.
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