26 de marzo 2008 - 00:00
"Esto de ser mediático me genera antipatías y recelos"
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Gabriel Rolón:
«‘Historias de
diván’ cumplió
mi sueño de
devolverle el
lugar al
psicoanálisis;
salvando las
distancias,
debe ser
como le pasa
a Maradona
cuando ve el
gol que le hizo
a los
ingleses».
G.R.: Hay dos que han sido muy importantes: «El sentimiento trágico de la vida» de Miguel de Unamuno y «Los miserables» de Victor Hugo. Son los que más me marcaron y emocionaron. Obviamente, siempre estoy releyendo a Borges. Me gusta mucho la literatura de Dolina. Cada tanto leo alguna novela, me gustan las de suspenso, aunque algunos las consideren de un género menor. En este momento estoy leyendo «La muerte lenta de Luciana B», de Guillermo Martínez y un libro de Juan David Nasio acerca de Lacan.
P.: ¿Cómo hizo la selección de «Historias de Diván»?
G.R.: Había pensado en escribir diez casos, pedí autorización los primeros cuatro, los trabajé, pedí autorización para otros cuatro y por suerte a los otros dos no les dije, porque es muy feo decirles voy a escribir y después no. Cuando ya iba por el sexto, le advertí a mi editor que me excedía así que o sacábamos casos o agregábamos páginas. Si no, no iba a poder contarlos como yo tenía ganas. Con muy buen criterio mi editor me dijo contá los casos como vos quieras y después vemos cuántos entran. Al final quedaron ocho.
P.: ¿Lo que sobró será para «Historias de Diván 2»?
G.R.: Los casos que quedaron afuera, por suerte o por desgracia, formarán parte del segundo libro, que no va a ser «Historias de diván 2». Va a ser un trabajo un poco más arduo pero también conservando la primera persona y la clínica. Esos dos casos que se quedaron afuera están ahora ampliándose y desarrollándose más que si hubieran estado en el primero.
P.: ¿Le llamó la atención algo de la repercusión del libro?
G.R.: Me sorprendió muchísimo el alcance que tuvo, sobre todo, me conmovieron ciertas repercusiones de algunos colegas muy prestigiosos. Obviamente, también pasó por una crítica muy dura por parte de colegas, como casi todo lo que hago. Esto de ser mediático genera cierta antipatía y recelo de si uno es bueno o malo porque está en los medios. «Historias de diván» es una obra desde y no sobre el psicoanálisis, un libro de transmisión popular. Me señalaron personas que respeto mucho, gente muy importante del psicoanálisis, que están notando que a partir de mi libro la gente vuelve a hablar de hacer análisis. Me asombra porque supongo, salvando las distancias, que debe ser como le pasa a Maradona cuando ve el gol que le hizo a los ingleses, debe decir: «Ese gol lo soñé tantas veces pero nunca pensé que lo iba a hacer». Con este libro salí con el sueño de devolverle el lugar al psicoanálisis, que estaba siendo muy criticado, y en algún puntoel libro lo logró y eso me emociona mucho, porque era lo que quería.
P.: En su libro se nota cierta emoción suya al momento de desentrañar lo que en términos jurídicos se llama «un caso».
G.R.: Psicoanálisis es básicamente pasión, es sanguíneo. No es una técnica fría de consejo, de manual, es muy vivencial. Para el analista, cuando se abre una puerta en medio de esa maraña que es el inconsciente, donde las cosas son blanco pero se dicen negro y se recuerdan celestes, es muy satisfactorio. Todo está tan mezclado y cuando de repente se hace la luz, cada vez que un caso se destraba y se sube un nuevo escalón, un nuevo nivel de verdad, siento una emoción muy profunda, diría una emoción orgásmica.
P.: El libro tiene su capítulo lacrimógeno con la historia de Majo...
G.R.: En «el caso Majo» hay un adolescente con toda la fantasía propia que tiene el adolescente con la muerte, porque el adolescente es alguien que está muriendo (niño) y que está renaciendo (adulto). Está en esa etapa de duelo y se siente solo. Toda esa conflictiva etapa, pegó muy fuerte y me di cuenta por mi hija que viene y me dice que leyeron el libro con sus amigas del colegio y con ese caso lloraron y se reunían a leerlo. Ese caso abrió la posibilidad de que chicas de 13 años lo leyeran. El caso de «La Dama de los duelos» hace entrar al mundo del análisis una mujer que en el imaginario «para qué se va a analizar a los 70 años». Este caso sirvió para no dejar afuera a ningún estrato social ni ninguna edad. Lo que el libro busca quitar el derecho de decir: «de qué me quejo», porque para le gente que está afuera del consultorio es una persona igual que cualquiera. Pero en la intimidad del consultorio aparece esa persona que todos llevamos oculta adentro, pero que no se muestra afuera. En un caso, el de los celos, un paciente con una problemática perversa, exibicionista, es sin embargo un tipo normal totalmente querible, no es un perverso. El libro muyestra que el análisis es para todos, cualquiera entra a destapar y descubrecosas, lo cual no quiere decir que tenga que ser para todos obligatorio. Pero cualquiera que esté interesado en ver cuál es la realidad que lo recorre y que esté sufriendo, tiene las puertas abiertas en el psicoanálisis.
P: ¿Le gustaría escribir ficción?
G.R.: Sí, porque en la ficción también se puede dejar traslucir pensamientos, sentimientos, reflexiones. Pocas obras mueven tanto a la necesidad de la libertad como «Los Miserables». Todo se puede poner en la ficción, el amor, la muerte, la neurosis obsesiva, la histeria, entonces a mí me apasiona la idea de poder fluir. Es probable que, si escribo ficción, mi protagonista sea un analista. Seguramente desde ese lugar voy a escribir más cómodo. Me veo escribiendo novela y quizás tenga que ver con un anhelo, como cuando jugamos al fútbol todos queremos ser 9 o 10 y nadie quiere ir al arco. Cuando escribimos queremos ser novelistas y no cuentistas, una especie de mayor consideración y libertad. Pero no descarto nada porque un libro que me marcó mucho fue «Ficciones» y es un libro de cuentos.
Entrevista de Guillermo Laborda

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