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El centenar de músicos, vestidos de gala y reproducidos en inmensas pantallas a los costados de la escena ya era un espectáculo impactante; en esas mismas pantallas se proyectaban explicaciones en breves síntesis de los fragmentos operísticos que cantarían solistas del Teatro Colón. Es decir, una organización impecable.
Una veintena de partituras con arias dúos, tríos y oberturas operísticas fueron aplaudidas, premiando ejecuciones entusiastas y algunas especialmente emocionantes.
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