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1 de diciembre 2006 - 00:00

Exhaustiva muestra de Deira en Bellas Artes

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La retrospectiva de Ernesto Deira (la más abarcadora desde 1985) coincide con el 110º aniversario del Museo de Bellas Artes y con los 75 años de su Asociación Amigos, que apoyó su exhibición.
Ernesto Deira (Buenos Aires 1928- París 1986) dividía su tiempo entre la abogacía y la pintura hasta que las horas que dedicaba a pintar prevalecieron sobre una profesión que, según sus palabras, «lo abandonó». Confesó su terror sobre la tela en blanco, su ignorancia respecto a lo que sucedería en ella así como su duda acerca de si algo sería digno de ser conservado.

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La exposición retrospectiva, la más exhaustiva desde la realizada en 1985, inaugurada en el Museo Nacional de Bellas Artes (Av. Del Libertador 1473) desmiente rotundamente esa duda existencial. En primer lugar, revela sus sentimientos, sus impresiones, su sentir respecto a los eternos problemas que acosan al ser humano. Y sobre todo la libertad con la que se manifestó plásticamente, sentimiento compartido con el Grupo «Otra Figuración» (Noé, Macció, De la Vega), que revolucionó nuestro medio artístico por su audacia.

Esta exposición integral reúne 122 obras entre pinturas, dibujos y grabados provenientes de colecciones públicas y privadas, muchas de las cuales se exhiben por primera vez. Bajo la curaduría de María José Herrera, un equipo de investigación egresado de la Universidad de Buenos Aires trabajó juntamente con los especialistas del Museo, que en su mayoría no conocieron al artista, pero que lo abordan con mirada y lenguaje contemporáneos a través de sus investigaciones exhaustivas.

La muestra se divide en núcleos: «La Guerra», «El Retrato», «La Neofiguración», «La Escritura», «Los Años 70» y «La Década del 80». El primer núcleo (obras entre 1961-66), remite al Holocausto con un tratamiento cercano a las pinturas negras de Goya, y en la serie «Campos de Concentración» comienza su compromiso sobre conflictos morales y sociales, también expresado en « Bloqueo» y «Homenaje a Vietnam». Los Retratos realizados en diferentes épocas tienen influencias tanto informalistas, surrealistas y hasta del Pop Art. O como «Sin Título» (1968), aquí reproducida, en la que se muestra ese interior del ser, el recorrido de la sangre por sus entrañas. En otros, la violencia y la censura presentes, de allí los ojos vendados y las bocas amordazadas.

«La Neofiguración», según sus palabras del catálogo de Peuser en 1961: «no constituimos un movimiento, ni un grupo, ni una escuela.... Sentimos la necesidad de incorporar la libertad de la figura». Este núcleo comprende obras entre 1963 y 1965, movimiento culminante de estos «Cuatro Jinetes del Apocalipsis» como lo calificó alguna vez el crítico Jorge Feinsilber, hasta su separación en septiembre del '65.

En «9 Variaciones para un bastidor bien tensado», Deira abordó la fragmentación del cuerpo así como su constante preocupación por el eje de su obra, el hambre, el entorno histórico, político, social desde una visión crítica. La escritura es un elemento casi permanente, no siempre legible, se asemeja a garabatos como resultado de un impulso gestual que forma parte de la estética Deira. Grafismos, frases, poemas, referencias literarias, por ejemplo, «En Torno al pensamiento A» (1964), los célebres «Rollos Desenrollados» (1968), los homenajes a Oliverio Girondo y Alejandra Pizarnik. Nada más apropiado que citar a Noé cuando dice: «Su dibujo es una forma de ser de su pintura y su pintura es una forma de ser de su dibujo».

El núcleo «Los Setenta» abarca distintos momentos de la década que Deira pasó entre Buenos Aires y París. Se ha reconstruido a través de documentaciones, la serie «Identificaciones», que presentara en 1971 en la Galería Carmen Waugh, figuras mutiladasdispuestas sobre fondos negros En «Los Ochenta», aparece el colorista que se deleita en planos de colores cálidos, la fragmentación siempre presente pero los cuerpos son estilizados, los miembros alargados que van más allá del marco, quizás un momento de equilibrio, de armonía, de serenidad.

Deira fue un hombre de gran cultura, amante de la música, la filosofía, interesado en las religiones, temas «citados» por el artista en una obra que aún provoca la conmoción de sus inicios, la admiración por su libertad creadora, el contenido más vigente que nunca acerca de su convencimiento de que «aventurarse en el arte era aventurarse en el hombre».

Acompaña la muestra un libro con una presentación de Américo Castilla, actualmente Presidente del Comité

Asesor del MNBA, amigo de toda la vida, su abogado defensor cuando en la época de Onganía lo retuvieron en Departamento de Policía hasta que accediera a cortarse el pelo. Asimismo, ensayos medulares, una cronología exhaustiva documentada a cargo de María José Herrera, Mariana Marchesi, Viviana Usubiaga, Adriana Laurenzi, reproducción de las obras exhibidas y relevadas, una entrevista a Luis Felipe Noé de Clelia Tarico y Silvana Varela.

Eduardo Montes Bradley produjo un documental que se proyectará en forma permanente.

Esta exhibición coincide con el 110 aniversario de la creación de nuestro museo mayor, y los 75 años de su Asociación Amigos que apoyó el proyecto. Para celebrar. Clausura el 18 de febrero de 2007.

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