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7 de noviembre 2006 - 00:00

Exhibe el Malba muestra del mítico grupo Fluxus

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«No quiero decir nada acerca de Marcel Duchamp» (1969), de John Cage, el gran renovador de la música de EE.UU. y figura fundamental en la génesis del grupo Fluxus.
En 1982, en una emisión radial, Wolf Vostell (1932-1998) señalaba que Fluxus estaba en contra del límite de la libre expresión, contra la insuficiencia de los conceptos artísticos y contra la mediocridad de los coleccionistas. Pero no estaba por principio contra las instituciones culturales sino contra la estupidez de las ideas heredadas. Por ello concluye: «Recuerdo que con mucha frecuencia a principios de los años '60 yo estaba en contra de los museos y ahora expongo en ellos. Esto demuestra que la apertura se ha conseguido».

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Al año siguiente realizó en el CAYC (Centro de Arte y Comunicación) la performance «El tango de hormigón», como homenaje a la resistencia de los argentinos frente a la dictadura, que ocultaba desaparecidos en el Río de la Plata y en bloques de concreto. Una documentación de más de tres décadas de Fluxus se presentó en 1994, en Suttugart en la muestra «Una larga historia con muchos nudos». Esta muestra reciente se expuso, entre otros, en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo de México, en 2004, en el Museo Alejandro Otero de Caracas, en 2005 y este año en el Museo Oscar Niemeyer de Curitiba.

La exposición se verá en Buenos Aires a partir de la semana próxima. «Fluxus Alemania 1962-1994», la exposición del IFA (Instituto para las Relaciones con el Extranjero, Alemania) organizada en cooperación con el Goethe-Institut, se inaugurará en el Malba el 17 de noviembre. Además de trabajos originales, la exposición incluye carteles, grabaciones, libros, partituras y fotografías que documentan festivales realizados en Alemania. Los curadores son Gabriele Knapstein y René Block, destacado conocedor del arte internacional y de los miembros del grupo.

Fluxus surgió a partir de los conciertos y festivales que organizó George Maciunas en los años 1962 y 1963. Pero es difícil definir un período, dadas las características del movimiento que fue un fenómeno internacional. «Fluxus-arte-diversión debe ser simple, entretenido y sin pretensiones, tratar temas triviales, sin necesidad de técnicas especiales ni realizar innumerables ensayos, sin aspirar a tener ningún tipo de valor comercial o institucional», señaló su coordinador, Maciunas (1931-1978) de origen lituano pero radicado en Nueva York. Sus conciertos eran mezcla de happenings, aunque menos rígidos, música experimental, poesía y actuaciones personales. Fluxus no se dejó encasillar dentro de ningún concepto: ni pintura, ni escultura, teatro, cine o música, a pesar de haber nacido en el contexto de la vanguardia musical y que su existencia sería impensable sin John Cage, el gran motivador de la música en los Estados Unidos.

Con «Untitled Event» (Evento sin título), Cage se propuso una original fusión de cinco artes: el teatro, la poesía, la pintura, la danza, y la música. Quiso que cada discurso conservara su individualidad y, al mismo tiempo, que ellas formasen un conjunto distinto, o sea un sexto discurso. Aplicaba en esta propuesta su tesis sobre el azar y la indeterminación, que venía empleando para la música y, junto a su pareja, el bailarín Merce Cunningham, para la renovación del ballet.

Ambos actuaron en dos funciones en el Teatro San Martín, y fue una fiesta para los argentinos.

Sin duda, «Untitled Event» retomaba ciertas ideas de Schlemmer y mantenía algún parentesco con las veladas futuristas y dadaístas, si despojamos a estas últimas de su excentricidad y su tono lúdico. Sin embargo, Cage era el primero en concertar -y el verbo no es caprichoso- un fenómeno artístico autónomo. La resonancia se expandió velozmente hasta el punto que la mayoría de los críticos, teóricos e historiadores de las corrientes de vanguardia de la segunda mitad del siglo XX, ubican a Cage y a su obra de 1952 como la fuente generadora de la formidable eclosión artística de los años '60, '70 y '80.

Es en esa avenida transitada por poetas, pintores, músicos, bailarines, escultores, cineastas, dramaturgos, novelistas y pensadores, donde también se suceden los mojones que fueron anticipando el advenimiento de las performances. Fluxus es la confluencia de todos estos medios, la primera forma de arte desde el dadaísmo que apuesta a la fusión de los géneros. Este nihilismo, lleno de ironía y espíritu lúdico, no dejaba por ello de resaltar la originalidad creadora, por un lado, y la búsqueda de participación pública, del otro. Los artistas denunciaban el anquilosamiento y aislacionismo del arte de entonces, y promovían una vasta apertura de esas disciplinas, tendiendo puentes entre arte y vida, hasta soldar tal escisión, de modo de convertirse en mediadores de un proceso estético-social.

Este anti-arte se opone a la práctica del arte como profesión y a la separación del artista y el público. «Purgar el mundo de la enfermedad académica, de cultura comercializada», es uno de los conceptos del Manifiesto de Maciunas en 1963. Aunque los artistas de Fluxus procedían principalmente del campo de la experimentación en la vanguardia musical y literaria, las trayectorias de sus participantes eran muy diversas. Maciunas, además de musicólogo tenía formación como arquitecto, artista e historiador. Benjamin Patterson tocaba el contrabajo clásico en la 7ª. Compañía del ejército estadounidense en Alemania, y en la Orquesta Filarmónica de Ottawa; George Brecht era químico y Robert Watts ingeniero. La formación de Yoko Ono era literaria y musical. Alison Knowles procedía de la pintura y Dick Higgins de la música y del diseño; Charlotte Moorman era violoncelista. En Colonia residieron Nam June Paik y Wolf Vostell. Este reconoció «Soy uno de los que creen que sin el Happening no hubiese existido Fluxus. Fue la variedad de su estética musical lo que nos acercó a Fluxus, su manera de interpretar, que iba de la música a la acción, de la vida, del pensamiento, a la música del comportamiento».

En Berlín estaba Tomas Schmit. En París coincidieron el economista Robert Filliou, artista y poeta; y Emmett Williams, también poeta. Niza era y sigue siendo la residencia del comerciante y artista Ben Vautier; Arthur o Addi Köpcke, artista y galerista de vanguardia, procedía de Copenhague, y el pintor Milan Knizák de Praga, fue sometido a un juicio en donde se debatió si los happennings eran hechos políticos o culturales. Su defensor ante la corte fue el director del Museo de Bellas Artes de Praga, Jalupetsky (amigo de nuestro Jorge Romero Brest). El artista presentaba conciertos desarrollando acciones no sólo acústicas sino también visuales sencillas denominadas «actos» o «actividades», que se realizaban con la participación del público en toda Eslovaquia. También realizaron extraños objetos como un «instrumento musical» Ur Musik de Paik, una caja de madera con alambres tensados que producían sonidos al girar las latas de conservas.

Los Flux-Kits eran una serie de juegos, valijas con objetos diseñados por distintos artistas: estampillas y matasellos Fluxus (Mail Art), pancartas, libros de tirada limitada (más tarde se llamaron libros de artistas), panfletos y carteles. En «Composición 1960 N.5» de La Monte Young (que vivía en Los ngeles), uno de los «actos» lúdicos de Fluxus, se soltaban mariposas en la sala del concierto. La creatividad se destacaba en todas las «actividades» como, por ejemplo, «One for Violin» de Paik, en la que se levantaba lentamente el instrumento para luego dejarlo caer y romperlo. Lo presentó en la muestra «20 Performances y 20 críticos», organizada por el autor de esta nota en el Centro Pompidou en 1979.

A veces se trataba sólo de un «acto-palabra», es el caso de Exit de George Brecht, con el que finalizó la primera jornada del concierto Fluxus de Düsseldord en 1962. «El algo en común de estos artistas fue el sentimiento de que las fronteras del arte son mucho más amplias de lo que convencionalmente parece, o de que el arte y ciertos límites preestablecidos desde hace tiempo ya no son útiles», escribió Brecht en el «Periódico Fluxus» de 1964.

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