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9 de septiembre 2024 - 16:06

Federico Olivera y un teatro a pura fuerza y sangre

Presenta "El fondo de la escena”, donde aborda la identidad y el relato familiar, los sábados en en El Portón de Sánchez. Actúa en la serie de Disney +, "La voz ausente".

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Federico Olivera escribió y dirige la una obra sobre vínculos familiares e identidades. 

“El teatro independiente empieza a ser elitista porque producen los que tienen más espaldas, es la ley del más fuerte. Esta es nuestra realidad, un teatro a pura fuerza y sangre”, dice Federico Olivera, autor y director de “El fondo de la escena”, su tercer trabajo como autor y director donde aborda la identidad y el relato familiar.

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Actúan Fernanda Bercovich, Fabiana Brandán, Fiorella Cominetti, Lautaro Murua, Fernanda Pérez Bodria, Catalina Piotti y Santiago Zapata, con funciones los sábados a las 19 en El Portón de Sánchez. Conversamos sobre la obra con Olivera, quien además protagoniza una de la series más comentadas de Disney+, “La voz ausente”.

Periodista: ¿De dónde viene tu interés en Heidegger que funciona como disparador de interrogantes para tu obra?

Federico Olivera: El procedimiento de escritura comenzó con esta situación de las hermanas que se reencuentran en un sanatorio porque la madre tuvo un ACV. Ante la necesidad de un trasplante de riñón llega la primera pregunta: quién se hace los exámenes de histocompatiblidad porque si da positivo hay que decidir si donar o no. Hay una de las hermanas que no lo duda, otra que está en el medio y otra que rechaza donar. En esa diferencia vi cómo se plantea la individualidad y el ser colectivo. La filmación de una película en ese sanatorio hace aparecer una nueva contingencia. Empecé a ver que había un conflicto de identidad, quienes eran, si eran auténticos o no y apareció “Ser y tiempo” de Heidegger, que plantea los seres auténticos o inauténticos, alguien que sigue su propia ética y la individualidad en una temporalidad o el ente inscripto en un todo. Esa imagen me sirvió para construir esto de ser parte de un todo y estar ordenado, que también me remite a Foucault. El sistema nos intenta ordenar dentro de una organización, alguien que organiza y otros que obedecen.

El fondo de la escena. Foto Tupac Larriera. b-2 (1).jpg

El elenco de "El fondo de la escena", que se presenta en El tinglado.

P.: La obra dice abordar el problema de la identidad y el relato familiar, el deber ser, los mandatos, ¿qué más podés decir al respecto?

F.O.: Acá hay una matriarca omnipresente, una madre que hace lo que quiere, sin filtro y es arbitraria. Pero la es incompleta esa imagen, es la visión que tienen las hijas de ella. En los roles familiares uno asume un lugar que está organizado, por eso es bueno poder separarse para encontrar una propia identidad y hacerse esa pregunta. En el caso de Viviana, la hermana que quiere escribir, la madre se la pasó diciéndole que vive en otro planeta, y que escribir no es muy productivo, que es como divagar, un pensamiento muy materialista. Blanca, la madre, no valora esa búsqueda de Viviana, quien pudo distanciarse y verlo todo desde otro punto de vista. En ese ocupar un rol de las familias se desdibujan las individualidades y entran en conflicto los deseos personales con lo que realmente se puede hacer. Con la debilitación de esa matriarca todos esos valores se subvierten y Viviana, que pudo irse de ese equilibrio, cuando vuelve y ante esa madre débil, puede confrontar. Las tres logran preguntarse qué desean y descubren que la madre tenía una vida que no era la que ellas imaginaban.

P.: ¿Cómo aprovechas el juego de la ficción dentro de la ficción?

F.O.: Es un recurso que me interesa muchísimo pero propone tantas capas y formas que no puedo darlo por cerrado. Le veo algo que está muy vivo porque nosotros también somos en la vida real seres que por momentos estamos dentro de una ficción, que hacemos personajes, y somos diferentes según con quien nos relacionemos y vemos nuestras contradicciones. Veo que el ser humano en su vida real está dentro de una ficción que se crea y cree. Si uno puede reírse de eso es más tolerable.

P.: ¿Por qué la ficción es una película de terror?

F.O.: Le aporta una premura, una amenaza latente y no es impune a los efectos de la situación de ellas esperando en ese sanatorio. Uno de los personajes está como en un loop del que no puede salir. Esa película de terror que sucede en otro lado empieza a contaminar la situación del hospital y las hermanas.

P.: ¿Cómo pensaste en las áreas artística de luz, escenografía y vestuario?

F.O.: Estaba presente la idea del desmantelamiento y pensamos en los objetos más básicos del sanatorio. Me gustó la idea de los biombos, que se alquilaban para la filmación, guardados en otro lugar, y cuando aparecieron los biombos jugamos con los actores con distintas formas. Tuvieron impacto en la disposición de los cuerpos. Con la iluminación tomamos el monocromatismo que tienen los sanatorios y hospitales, donde todo es de un color e intentamos eso más los claroscuros para los distintos momentos en un mismo espacio, los contrastes. Lo monocromático podía dar algo muy uniforme, aplanado, y si bien hay momentos así, también hay estridencia y claroscuros.

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P.: ¿Cómo ves hoy el teatro y la cultura?

F.O.: Siempre el teatro da respuestas, es estimulante lo que sucede artísticamente, la creatividad y la fuerza que tiene. Muestra que está muy vivo, pero cuando uno piensa en cultura va a las posibilidades reales y lo económico esta complicado. Siempre fue así pero ahora está más agravado con las políticas culturales actuales. Los cimbronazos se toleran hasta donde se puede, empieza una erosión que, cuando pasa el tiempo, deja propuestas y gente en el camino. También está el público que acompaña y eso termina de hacerlo posible. Sucede en la Argentina, no sólo en Buenos Aires y es muy llamativo. Al teatro lo veo con optimismo por los artistas y el público, pero en términos institucionales está complejo, el no apoyo y crisis económica hace que las entradas tengan que ser baratas y no se pueda autosustentar la obra. Hay nulidad de subsidios, o magros que se pagan al año de vencimiento, que con la inflación galopante resultan imposibles. Estamos en esa paradoja.

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