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12 de octubre 2011 - 21:25

Fito con amigos, como en el living pero en el Gran Rex

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Charly García y Fito Páez brillaron en el Gran Rex
Dos hombres en un escenario. Uno, de impecable traje negro; el otro, de estridente saco violeta y ajustadísimos pantalones oscuros. El primero, de perfil y al piano; el segundo, de espaldas y al micrófono. Entonces, las luces se encendieron y, con el telón abierto por completo, esas figuras se convirtieron en una realidad donde el rock nacional los puso como protagonistas, una vez más.

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Así abrió Fito Páez el primero de sus dos conciertos en el Gran Rex, de la mano de Charly García, bajo las notas de "Desarma y sangra". "¡No lo puedo creer! ¡Charly en vivo y con Fito!", dijo aún sorprendido un joven espectador desde la platea. Tan lleno de juventud el espectador que quizás nunca imaginó que el rosarino fue, durante los años ochenta, parte de la banda del hombre del bigote bicolor. Ahora, casi tres décadas después, compartieron escenario en eso que el anfitrión describió como "un homenaje aquí y ahora" para con el autor de "Cerca de la revolución".

Con el teatro entero de pie, García se retiró por un rato y la noche siguió entre clásicos e invitados de todas las épocas y géneros. "Mi musa, mi hermana, mi amiga, todo", dijo Fito al dar paso a Fabiana Cantilo para entonar "Cable a tierra". Antes de irse, ella, replicó: "Yo quiero agradecer a Fito Páez por estar en este mundo".

Para cantar "Ambar violeta" el hombre "del 63" llamó a Lisandro Aristimuño y, aunque el tema rezaba aquello de "nada está aquí ni mejor ni peor" el clima de la calle Corrientes se iba calentando y el show se convertía en una fiesta que Páez comparó con "la comodidad del living de una casa".

"A mí me gusta más la gente viva que muerta. Lo tenemos a Charly acá ¿Por qué no le cantamos a él? Esta ciudad maravillosa que lo ama le hace un homenaje". Y al son de "Confesiones de invierno" García volvió a las tablas mientras, por ejemplo, una madre y una hija en la fila 16 repetían tener "la piel de gallina". Un set con "Estaciones", "Tuve tu amor", "Promesas sobre el bidet", "No soy un extraño" y "Canción del 2x3" marcó uno de los momentos más fervorosos del concierto.

Luego llegó el turno de "El fantasma de Canterville", donde Charly con un lúcido guiño versionó la polémica frase del santafesino y afirmó de cara al público y entre risas: "Son un asco". Con "Los dinosaurios", el creador de Say No More finalizó su participación ante la ovación de todos los presentes.

Pero las visitas no terminaron allí y del rock nacional más característico se pasó al folklore. El Chaqueño Palavecino ingresó junto a sus músicos y, pañuelo en mano, "Balderrama" convirtió al Rex en una peña a través de la zamba.

Una versión a capella de "Yo vengo a ofrecer mi corazón" inauguró la tanda de bises y, acto seguido, el autor de "Giros" hizo pasar a sus "nuevos amigos", los Onda Vaga. Juntos dieron vida a "Mambeado", una reversionada "Sasha, Sissi y el círculo de Baba" y "Dar es dar".

Tras la despedida, las más de dos horas de recital no saciaron la sed de los asistentes. Y, casi como un ritual en los conciertos de Páez, la gente empezó a cantar, con insistencia, "Dale alegría a mi corazón". Palmas, gritos y un coro cada vez más rotundo pedían la vuelta de la estrella de la velada. Casi tan extasiado como sus admiradores, Fito regresó y, desde su piano, puso el broche de oro con "A rodar mi vida". Camperas, bufandas y pañoletas se revolearon una vez más y entonces sí, el adiós -aunque sólo por un día- fue definitivo.

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