(09/02/2001) «Grease», de J. Jacobs y Warren Casey. Int.: F. Peña, M. Otero, Z. Recalde, G. Monje, P. Giménez y elenco. Dir. de actores: J. Baccaro. Dir. mus.: M. Ribas. Coreog. y dir. gral.: R. Ayala. Esc.: D. Feijoo. Dir. coros: A. Carfi (Teatro Astral).
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"Grease" fue el primer musical de Broadway que llevó a la escena ritmos tan populares como el rock and roll, el boogie-boogie y otros clásicos de fines de los años '50. La obra fue estrenada en 1972 con gran éxito de público, lo que demuestra que el revival siempre ha dado buenos réditos.
Concebido por sus autores, Jim Jacobs y Warren Casey, como un divertimento musical, «Grease» no pretende ser otra cosa que una pintoresca estampa sobre los adolescentes de los años '50. Es un mundo cercano a la historieta, con personajes estereotipados que sólo se preocupan por la música, los flirteos y «esos raros peinados nuevos», como diría Charly García (no hay que olvidar que «grease» es el equivalente inglés de gomina). A diferencia del film, protagonizado por John Travolta y Olivia Newton John en 1978, esta versión teatral -fiel a la de 1993 que incorporó los hits de la películano se limita a contar el romance de Danny y Sandy, sino que prefiere centrarse en el aspecto comunitario y casi tribal de este grupo de estudiantes secundarios.
Las situaciones que envuelven a los protagonistas son muy livianas y casi siempre viran hacia el humor, pero el tono ingenuo y algo tonto de sus ocurrencias no provoca demasiadas carcajadas, a lo sumo alguna sonrisa cómplice. Por eso, la chica «mala» de la historia (Rizzo) se convierte en la gran figura de la obra. Ella es la que encarna, de verdad, el arquetipo del adolescente y no sólo de esa época. Su espíritu rebelde y contestatario, su inseguridad (que disimula con gestos hostiles y orgullosos) y su angustia frente al sexo (es la única que no es virgen) son transmitidas con un convincente dramatismo. A ello contribuye el magnífico desempeño de Florencia Peña (toda una revelación en baile y canto). Es la única intérprete que logra que los claroscuros de su personaje no queden diluidos en estereotipos y clichés. Marisol Otero ( Sandy) apela a su bella voz para seducir a la platea, mientras que Zenón Recalde, algo desdibujado en su rol de Danny, no logra destacarse demasiado del homogéneo elenco masculino. Ambos intérpretes comparten su mejor momento actoral en la escena del autocine que, en definitiva, es donde logran conectarse con mayor soltura. Patricio Giménez hace su aparición como ángel, en uno de los cuadros musicales más llamativos de la obra, pero su labor como cantante melódico es apenas correcta. Sergio Miranda, en cambio (en el papel de Roger), se revela como un excelente cantante. En el tema «Soñando» exhibe un dominio de los agudos que casi parece un homenaje al grupo Los Plateros.
En síntesis, «Grease» apuesta básicamente a la contagiosa energía de sus números musicales y al colorido de su escenografía y vestuario. Todo esto genera un atractivo cóctel de imágenes y sonidos que seguramente interesará a los jóvenes de hoy, y también a un buen número de nostálgicos.
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