Traidores y perjuros en una excelente miniserie

Espectáculos

El ciclo no empezó por el primer capítulo sino por el sexto, "Trojan Horse", sobre el doble agente soviético Vladimir Petrov.

Curiosamente, el canal History decidió no empezar a emitir la serie documental inglesa “Guerra de espías” (“Spy Wars”) por su primer episodio “The Man Who Saved The World” sobre el doble agente soviético Oleg Gordievsky, sino por el sexto, “Trojan Horse”, que también trata sobre un ruso traidor a la KGB, el célebre Vladimir Petrov. Según algunos expertos en el tema de la Guerra Fría, la historia de Petrov es la máxima de espionaje por ser uno de los causales del ocaso y caída del comunismo. Tal vez por este motivo History comenzó por lo que sería casi el final –son 8 episodios en total.

Este “Caballo de Troya” es una fascinante exploración en las debilidades de la KGB, y en este sentido la historia de Petrov supera muchos relatos de ficción sobre doble agentes. Petrov era un espía ascendente a mediados de la década del 60, al punto de que sus superiores lo mandaron al mejor destino al que podía aspirar un espía soviético, París. Su misión era el espionaje industrial, área en la que, como se ve en la serie, los soviéticos superaban ampliamente a los occidentales, y sobre todo a lograr que científicos europeos colaboraran con la URSS. La actividad de Petrov no era cruenta pero sí muy eficaz. Sin embargo, hacia mediados de los 70, la KGB empezó a ser manejada directamente por la burocracia del partido comunista, y pronto Petrov fue sacado del brillo de París para ocupar un escritorio gris en medio de burócratas mediocres. “El cambio arruinó su matrimonio y lo volvió un alcohólico rencoroso, que fue juntando rabia hasta que a principios de la década de 1980 traicionó a su país en lo que era su especialidad, el espionaje industrial.

Lo bueno de “Spy Wars” es que logra testimonios de auténticos espías que participaron en las operaciones secretas que se describen. En el caso de Petrov, su llamada “operación Farewell” resulta interesante porque involucra al no muy conocido servicio secreto francés, ya que el hombre de la KGB sabía que tanto la CIA como el servicio secreto británico estaban infiltrados por los rusos, por lo que su traición quedaría al descubierto en cuestión de semanas. El trabajo del entonces doble agente fue demostrar la cantidad de secretos tecnológicos que los rusos le habían birlado a Occidente –muchos en rubros sensibles como el armamento y la carrera espacial- pero luego empezó una segunda etapa en la que debió plantar adelantos tecnológicos falsos en la URSS, lo que generó la decadencia soviética y hasta generó una tremenda explosión en un oleoducto en Siberia.

Los codirectores David O’Neill y Gareth Lewis saben cómo narrar la historia e intercalar debidamente las entrevistas a los contactos amigos y enemigos del espía protagónico (curiosamente hay uno que aun pasados tantos años no se atrevió a aparecer en cámara) y logran generar gran tensión cuando Petrov va enloqueciendo debido al stress de ser un traidor. Uno de los grandes momentos del episodio es cuando habla el experto en contraespionaje soviético que logró que confesara su traición. La serie es excelente, pero el que casi no participa es el narrador Damian Lewis, ya que el actor de “Homeland” apenas si dice tres líneas. “Guerra de espías” se emite los sábados a las 22:45, con repeticiones a lo largo de la semana.

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