El Gobierno nacional decidió avanzar con un paquete de medidas para amortiguar la suba de los precios de los combustibles y el impacto en surtidores: por un lado, como anticipó Energy Report, postergó la actualización de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono; por otro, redujo el precio del biodiésel que se mezcla con el gasoil.
Combustibles: postergan aplicación de impuestos y bajan precio al biodiésel para aliviar subas en surtidores
En medio del salto del petróleo por el conflicto en Medio Oriente, el Gobierno difirió la actualización de impuestos y Energía redujo el precio del biodiésel. Buscan contener la presión sobre naftas y gasoil.
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El aumento de los combustibles se convirtió en uno de los principales motores de la inflación de marzo, con proyecciones que ubican el IPC en torno al 3,3%.
La decisión impositiva se formalizó a través del Decreto 217/2026, firmado por el presidente Javier Milei, el vocero presidencial Manuel Adorni y el ministro de Economía Luis Caputo, que extiende hasta el 1° de mayo la aplicación de los incrementos pendientes derivados de las actualizaciones correspondientes a 2024 y 2025. En la práctica, la medida evita un nuevo salto en los precios de nafta y gasoil en abril, en un momento especialmente sensible para la inflación.
El decreto modifica el esquema vigente y mantiene diferidos los aumentos de los impuestos establecidos en la Ley 23.966, que se actualizan trimestralmente por inflación. De no haberse aplicado esta postergación, el traslado a precios habría sido inmediato en los surtidores de todo el país.
En paralelo, la Secretaría de Energía, a cargo de María del Carmen Tettamanti, publicó la Resolución 81/2026, que fijó en $1.808.690 por tonelada el precio del biodiésel para abril, lo que implica una baja del 1,85% respecto del valor vigente desde febrero. Se trata de un componente clave, ya que el biodiésel se mezcla actualmente en un 7,5% con el gasoil.
Aunque el ajuste es moderado, apunta a aliviar parcialmente los costos en un segmento particularmente golpeado, como el transporte de cargas y el agro, que venían advirtiendo sobre el impacto de la suba del gasoil en las últimas semanas.
La resolución de Tettamanti también ratificó que las petroleras deberán pagar el biodiésel en un plazo máximo de siete días, una condición clave para sostener la cadena de pagos de las pymes del sector.
Combustibles en tensión: subas, guerra y presión inflacionaria
Las medidas llegan en un momento de fuerte volatilidad internacional. La escalada del conflicto en Medio Oriente disparó el precio del petróleo más de un 50% en apenas un mes, lo que tuvo un traslado casi inmediato al mercado local.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el precio de la nafta registró en marzo un aumento del 21% en términos reales, alcanzando niveles similares a los de julio de 2021. El informe advierte que, para neutralizar ese incremento, el impuesto a los combustibles debería reducirse hasta un 95% en la Ciudad de Buenos Aires, lo que grafica la magnitud del impacto.
Además, el poder adquisitivo del salario medido en litros de nafta cayó un 17% en el último mes, reflejando el deterioro relativo frente al salto de precios.
En la misma línea, un relevamiento de Romano Group indicó que, entre el 28 de febrero y el 28 de marzo, YPF aplicó subas promedio del 19% en el gasoil, 17% en la nafta súper y 15% en la Infinia a nivel nacional, lo que encendió alertas inflacionarias.
El atraso relativo y el impacto de la guerra en el surtidor
A pesar de que a inicios de febrero de 2026 los precios de los combustibles se mantenían por debajo de su promedio histórico, el estallido del conflicto bélico en Irán alteró drásticamente la ecuación. Desde el comienzo de las hostilidades, se han registrado incrementos significativos tanto en los surtidores como en el canal mayorista.
Sin embargo, según reveló la consultora Economía y Energía de Nicolás Arceo, los valores actuales aún no logran alcanzar la paridad de exportación necesaria para un crudo que roza los u$s100 por barril. "Este desfasaje plantea un escenario de tensión para las refinadoras, que operan con márgenes ajustados frente a una cotización internacional disparada", indicó su último reporte mensual.
Presión inflacionaria y el peso en el IPC
La actualización de los precios en el mercado local no solo responde a una necesidad de recomposición sectorial, sino que se traduce en una presión directa sobre la macroeconomía. Se estima que por cada 10% de aumento en los surtidores, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) sufre un impacto inmediato de 0,36 puntos porcentuales.
En este contexto, los ajustes previstos para los próximos meses actúan como un factor determinante en la aceleración de la inflación, condicionando el consumo interno y los costos logísticos de toda la cadena productiva.
El dilema de la paridad: ¿Mercado o desacople?
Hacia las próximas semanas, el Gobierno y las operadoras deberán definir el rumbo estratégico de los precios: continuar con la senda de aumentos hasta alinear el valor local del crudo con su paridad de exportación o, por el contrario, instrumentar un "acuerdo privado" de precios.
Esta última opción -según Economía y Energía- buscaría garantizar un desacople transitorio respecto a la volatilidad internacional, funcionando como un "colchón" ante la crisis en el Golfo Pérsico, aunque a costa de postergar la convergencia de precios que el sector viene reclamando para incentivar las inversiones de largo plazo.
El impacto en la inflación y la estrategia oficial
El aumento de los combustibles se convirtió en uno de los principales motores de la inflación de marzo, con proyecciones que ubican el IPC en torno al 3,3%, por encima de los meses previos. A los factores estacionales habituales (educación, indumentaria y transporte) se sumó este año el fuerte ajuste energético.
Frente a este escenario, el Gobierno optó por intervenir sobre dos variables clave: los impuestos, que representan una porción relevante del precio final, y el costo de los biocombustibles, buscando moderar la transmisión del shock internacional a la economía local.
La estrategia apunta a ganar tiempo en un contexto global volátil, donde el precio del crudo sigue marcando el ritmo. Mientras tanto, el equilibrio entre sostenibilidad fiscal, rentabilidad sectorial y precios al consumidor seguirá siendo el eje de la política energética en los próximos meses.




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