La película subterránea, silenciosa, bella y amarga (como las dos mujeres en coma), es la misma a la que su director, como un médium, hace hablar desde los lejanos e imperfectos tiempos de
Poco después callarán las dos y estarán sin estar, como el viajero. El mito milenario: Ulises y Penélope y la distancia infranqueable de la ausencia y el deseo, aunque aquí no sea espacial. Son los hombres los que esperan algún signo o indicio del silencio de esos cuerpos vivos. El «hable con ella» es el rezo del amante, no del creyente. A diferencia del bergmaniano silencio de Dios, el amante almodovariano consigue el milagro a través de ese rezo, pero para eso debe quebrar la Ley. El dilema ético de esta película (que no puede revelarse) es inmenso. Es forzoso que la muerte venga después.
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