Su base es una novela del mismo director, Convertir en materia de risa los exámenes ginecológicos, Joely Richardson y Hugh Laurie en "Cómo hacer bebes", una comedia inglesa de humor un tanto extraño. los análisis de esperma y los sucesivos y frustrantes procesos de fertilización asistida es una tarea ante la que más de un comediógrafo tomaría una distancia prudente. Pero esta no es una producción norteamericana, y ni siquiera -por fortuna-termina como lo habría hecho Hollywood. La acidez británica permite que la película dialogue funcionalmente bien entre el sarcasmo y la tristeza.
La asiste ese costado entre siniestro y ridículo que tiene el sexo cuando debe ser programado y reglamentado, tal como lo exigen los tratamientos, y algunas felices circunstancias satíricas en las que el argumento se va complicando (un amante inesperado, los avatares del rodaje en el que interviene un director punkie irlandés que odia a los ingleses), también a veces confundidas con el drama. El film se ve siempre con una sonrisa, aunque interrumpida con frecuencia. La luminosidad de
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