23 de noviembre 2007 - 00:00

"Hay que atender la TV digital que viene"

«Pese a las polémicas por glamorizar a unpsicópata de uniforme, el film ‘Tropa de élite’es un éxito tan grande en Brasil, que hastael ministro Gilberto Gil tenía una copiapirata en su casa.»
«Pese a las polémicas por glamorizar a un psicópata de uniforme, el film ‘Tropa de élite’ es un éxito tan grande en Brasil, que hasta el ministro Gilberto Gil tenía una copia pirata en su casa.»
San Luis-Por un inesperado problema familiar, el director brasileño Fabio Barreto debió abandonar San Luis con la mayor urgencia que permiten los vuelos (para colmo Aerolíneas tuvo una de sus habituales demoras). Esto no significa que abandonara sus obligaciones como miembro del jurado. Antes de irse dejó un sobre con todas sus observaciones, y por suerte ( gracias al dvd, y a su paso por anteriores festivales) son observaciones sobre todas las películas en competencia.

Charlamos con él antes del vuelo, pero no de su obra, sino de tiros, torturas, voracidad fiscal, y espectadores recuperados.

Periodista: Aprovecho a preguntarle por la exitosa película de un colega suyo, «Tropa de élite». ¿Es cierto que el público de Rio de Janeiro aplaude las escenas de tortura?

Fabio Barreto: Desgraciadamente cierto, y eso ha causado mucha polémica, porque la película glamoriza a un psicópata de uniforme, frente al cual «Harry el sucio» sería un simple policía de tránsito.

P.: «¿O qué é isso, companheiro?», de su hermano Bruno Barreto, también tenía un policía torturador.

F.B.: Lo que también causó mucha polémica en su momento, pero porque ese hombre no se sentía a gusto, tenía cargos de conciencia, y según la izquierda eso era «humanizar» demasiado al personaje. Pero lo de «Tropa de élite» es distinto, porque se presenta casi como un institucional del BOPE (una formación especial), aunque al principio quería ser otra cosa.

P.: ¿Cómo es eso?

F.B.:
El guión original tenía un narrador negro, y varias escenas sobre los problemas del protagonista con su esposa. Pero el coproductor de la Miramax mandó sacar al narrador y la mujer, y convertir la obra en una simple película de acción. Y como película de acción es muy buena, hay que reconocerlo. El guión original también describía los mecanismos de corrupción policial, y por eso un día llamaron al director, José Padilha, para que vaya a Jefatura a dar explicaciones. «Usted no va», le ordenó el gobernador de Rio. Pero esas escenas de corrupción quedaron diluidas. Por suerte, lo que «Tropa...» logra denunciar muy bien es la complicidad de la clase media en el narcotráfico. La clase media es la mayor consumidora, muchísimo más que la clase baja.

P.: Y después va al cine y convierte la película en éxito.

F.B.: Un éxito impresionante, y eso que antes del estreno ya se habían vendido dos millones de copias pirata. El director fue a quejarse a la casa del ministro de Cultura, Gilberto Gil, y encontró que él también tenía una copia pirata. ¿Qué vamos a decir? Sabemos que en un vuelo Brasilia-Pekín al propio Lula le pasaron la copia trucha de otra película también exitosa. Lo más gracioso es que ahora los piratas tomaron un film anterior del mismo Padilla, «Onibus 174» ( documental sobre un caso de secuestro que terminó en tragedia) y lo están vendiendo como «Tropa de élite II». También tienen una «Tropa de elite III», no se privan de nada.

P.: ¿Y a usted no lo tienta hacer una cinta como ésa?

F.B.: ¿Para qué? Sería una más. Aparte, ya tuve mis éxitos en cine, como la comedia romántica «O quatrilho», y ahora estoy absorbido por la tele. Estuve cinco meses en Buenos Aires, haciendo la versión brasilera de «Amas de casa desesperadas», con Sonia Braga, Lucelia Santos, y otras grandes actrices. Y quiero producir más. Para atender la televisión digital que se viene, nuestros países deben producir cuatro veces más. No es por simple amabilidad que yo he dicho que me gustaría trabajar en los sets de San Luis Cine. En cuanto al cine, lo de «Tropa...» es una excepción, porque hacemos muchas películas pero poca gente las ve, porque la entrada es carísima. Cuando el suceso de «Doña Flor y sus dos maridos» (de mi hermano, producida por nuestro padre) y tantas otras obras, la entrada en Brasil costaba 0, 85 dólares. Ahora sale cinco dólares.

P.: ¿Entonces?

F.B.: Gilberto Gil
tuvo una muy buena idea, esto hay que reconocerlo: el Vale Cultura. Así como las empresas pueden elegir entre pagar todo el importe del impuesto a las ganancias, o reinvertir en cine un porcentaje de ese impuesto («O quatrilho» fue la primer beneficiada con ese sistema), ahora las empresas pueden invertir en entradas de espectáculos, o libros, o grabaciones musicales, que regalan a la gente, en vez de pagarle todo al Estado. Es una forma práctica de expandir el consumo y alentar la cultura. Y se aplica, gracias a que nuestro gobierno decidió reducir un poco la voracidad fiscal típica de todos los gobiernos. Hay que ver, también, cómo se aplica. Bueno, espero volver para el cierre del festival.

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