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23 de agosto 2006 - 00:00

Homenaje a Horacio Quiroga

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El director Ciro Zorzoli creó una puesta despojada en la que diez instrumentistas ejecutan música del compositor misionero Marcelo Toledo y un grupo de actores representa, sin palabras, la agonía de Quiroga.
«La selva interior». Mús.: M. Toledo. Dir. mus.: S. Santero. Inst. esc.: C. Zorzoli. Esc.: O. Puppo. Vest.: M. Albertinazzi. Ilum.: E. Sirlin. (Teatro Margarita Xirgu. Repite: 25, 26 y 27/8.)

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El Centro de Experimentación del Teatro Colón estrenó un nuevo espectáculo multimedia inspirado en acontecimientos de la vida del gran narrador Horacio Quiroga. Mientras el escritor espera una solución para su enfermedad en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires, su pensamiento inflamado y su imaginación desbordan los límites de la razón. La crónica de estos días agónicos constituye un universo cerrado en el que sonido e imágenes conviven en una suerte de estado de expectación estimulado por la memoria acuciante del protagonista.

El compositor misionero Marcelo Toledo elaboró una partitura en la que los sonidos de la selva conforman un entorno raro e inquietante en su rusticidad e introspección. Los ruidos de la realidad y los relatos del escritor se entrecruzan con las inflexiones de un alma convulsionada por la muerte cercana. Es el rumor de «La selva interior» a que alude el título de la obra.

Durante casi una hora un conjunto de diez instrumentos tradicionales y una voz producen un clima sonoro no tradicional. El sonido es obra de una técnica nueva en el tratamiento de los instrumentos ideado por Toledo con un conocimiento profundo de la geografía misionera sumado a una estética personal y sensible. La valiosa interpretación de todos los músicos dirigidos por Santiago Santero se alía con la de un conjunto de actores que no hablan pero que expresan con sus movimientos y su gestualidad la deconstrucción de una vida. Retazos de recuerdos, acciones del pasado y el presente, símbolos de la tierra y de los males espirituales y corporales son mostrados como trofeos de guerra, una guerra librada contra la fatalidad y la hostilidad del medio.

La instalación escénica de Ciro Zorzoli se asienta en el minimalismo y en el desmontaje, como cuando se analizan los textos de Quiroga en sus elementos básicos. Marta Albertinazzi colaboró con un vesturario casual; Oria Puppo organizó el espacio escénico que Zorzoli enriqueció con los movimientos, y Eli Sirlin trabajó los climas ligados a la geografía con luces generales y mediante linternas rescata miradas y texturas.

Las voces del mismo Toledo, Abelardo Castillo y Noé Jitrik aportan datos literarios que prestamente la orquesta ahoga. A pesar de tratarse del final de la existencia de uno de nuestros máximos escritores, en «La selva interior» las palabras parecen definitivamente estar de más.

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