La Sala Contemporánea del Centro Cultural Recoleta está armada con una suerte de escenario periférico en el que ambos músicos-actores deambulan, disfrazados de astronautas decadentes -que podrían verse también como obreros de la construcción de trajes plateados y zapatos con plataformas-, haciendo músicas de su cosecha y representando los roles de dos lunáticos desorbitados que no abren la boca en ningún momento para decir textos.
Se supone, basándose en el original y muy extenso programa de mano, que estamos ubicados en el futuro, con un hombre que ha perdido muchas de sus esencias y está tratando de reconstruirse artificialmente. Pero, viendo lo que sucede luego en el espectáculo, la relación con el programa es lejana y, por cierto, no influye en la manera de ver el show.
Visualmente,
Lo que suena, a lo largo de poco más de una hora, es una sucesión de melodías o de climas sonoros, con más o menos marcación rítmica, con mayor o menor cercanía a la escala tonal occidental. Pero hay muy pocas referencias concretas -una base de chacarera, una canción de discoteca que sirve como leit motiva lo conocido.
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