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15 de agosto 2024 - 16:16

"Intemperie", reversión de Discépolo que se vuelve hoy más vigente

La autora y directora toma "Stéfano y Mateo" de Armando Discépolo y la reversiona con ecos en la actualidad. Entre el absurdo y el grotesco, "Intemperie" se presenta los jueves en Teatro Beckett.

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“Intemperie, o el mundo a través de las flores”, es un grotesco creado a partir de “Stéfano y Mateo” de Armando Discépolo,

“Artistas como Discépolo logran tomar la esencia de la humanidad en la vivencia de sus personajes”, dice Romina Oslé, autora y directora de “Intemperie, o el mundo a través de las flores”, grotesco creado a partir de “Stéfano y Mateo” de Armando Discépolo, con funciones los jueves a las 20.30 en Becket. Actúan Augusto Carrazana, Belén Amadío, Florencia Mair, Hernán Maldonado, Julieta Molina, Mariano García, Norma Tripodi y Petra Donn. Conversamos con Oslé.

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Periodista: ¿Por qué tu interés en Discépolo?

Romina Oslé: Vengo explorando obras con una teatralidad exacerbada y a veces ese signo de la forma se pone por sobre el contenido. Entonces armé un grupo al que le interesaba explorar el grotesco como surge en Italia y terminamos llegando a Discépolo. Nos atraviesan sus temas y tiene una teatralidad exultante, además de una lupa maravillosa y construir poesía. Nos ofrece un territorio super lúdico de gran belleza. Es político y social, que se circunscribe a su época pero que Discépolo volvió poesía. Era un autor comprometido con la realidad por eso generó teatralidad y acción.

P.: ¿Cómo es eso de los personajes grotescos y el tiempo del absurdo?

R.O.: Aparecen características del absurdo y del grotesco porque si bien son poetas que surgen en la misma época en torno a la Guerra Mundial. Empezamos trabajando la forma del grotesco en los cuerpos de personajes monstruosos mitad animal, mitad muñeco, se les borran los bordes, aparece un cuerpo roto por las circunstancias. En esta tragedia convive la comedia con lo fantoche y payasesco. Esos cuerpos mutaron en personajes que no estaban en ningún tiempo ni lugar específico lo que pasa a ser una característica del absurdo. Lugares y tiempos relativos que dejan expuesto lo absurdo y la incertidumbre de la existencia.

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Romina Orslé es autora y directora.

P.: ¿Cuáles son los temas de la obra?

R.O.: La muerte, real y simbólica, de los cuerpos y los sueños, las ilusiones, los deseos. Al ser una familia que vive a la intemperie aparece la pobreza, el hambre, el deseo de salir de ahí, de cumplir una ilusión. El deseo del boxeo para salvar a la familia, la música como arte, la tragedia de la existencia y la belleza de lo pequeño. Los temas oscilan entre lo mundano y lo filosófico, entre lo profano y lo divino.

P.: ¿Cómo pensaste esta reversión para que el clásico sea resignificado?

R.O.: Nada de lo que termina sucediendo fue previsto, surge de la investigación de una poética que invita a un juego constante. Nos fuimos encontrando en determinado territorio y la obra clásica por definición nos encontró y se volvió vigente. Los clásicos lo son porque hay algo de universal que atraviesa épocas. Este es un momento voraz con la mitad de la Argentina en la indigencia de modo tal que “Intemperie” toma una magnitud que no tenía hace dos años. Las diferencias hoy se acrecentaron significativamente.

P.: ¿Qué pregunta hay por el tiempo cíclico?

N.O.: Cuando descubrimos que estos personajes vivían a la intemperie, una característica de los personajes grotescos es que viven hacinados, acá terminan estando apiñados en una carreta pero sin techo. Vivir al aire libre trae un tiempo cíclico en el transcurrir de las estaciones del año. Pasamos del frío al calor, tormentas, vientos, y se repiten. La vida avanza en un sinsentido.

P.: ¿Cómo pensaron la puesta y las áreas artísticas?

N.O.: Los signos escénicos tienen una presencia potente y arman el entramado que extrema la belleza. El objeto carreta o vestuario atemporal aparecen por decantación pero hay otros como la luz o el sonido que están pensadas para generar cuadros escénicos constantes con belleza en imágenes. Hay música en vivo con el músico que toca el violín, teclado, acordeón, materiales de descarte, y con esa música potencia la obra. Hay desde el sonido una inundación y lluvia. Todos estos signos escénicos generan una partitura. Cuerpos, voces, respiraciones, mirada y sonidos buscan generar un entramado preciso.

P.: ¿Cómo es hacer teatro independiente?

N.O.: Difícil y hermoso, que implica sostener la vida con otros trabajos y conservar lo colectivo inherente al teatro independiente. Sostener se vuelve cuesta arriba y a veces se llega a esta actividad con el resto de lo que deja la vida diaria. Pero a la vez es hermoso porque por algo lo seguimos haciendo, esto que tanto nos lleva, cuando sucede es inexplicable.

P.: ¡Cómo están el teatro y la cultura hoy?

N.O.: No hay posibilidades de recuperar lo que se invierte y hacer algo de calidad se complica. El Gobierno genera políticas para reducirnos, volvernos el hacer imposible. Cuando uno llega a salas que tienen la soga al cuello por lo que tienen que afrontar a nivel gastos, se está volviendo un sálvese quien pueda, y no tenemos esa comunión de antes. Atacan por todos los frentes. Se borran las políticas públicas, sin ayudas que faciliten el hacer en detrimento de la cultura. Todo queda relegado a una periferia hasta que se caiga pero hay que resistir.

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