17 de febrero 2006 - 00:00

"Intolerancia": otra joya del cine mudo

Intolerancia: otra joya del cine mudo
Junto con «El nacimiento de una nación» (cuya edición se comentó pocas semanas atrás en esta página), «Intolerancia» constituye el legado más importante que el pionero David W. Griffith dejó al cine mundial para el establecimiento de su lenguaje y modos de expresión. Auténtica pieza de museo (con la connotación peligrosa que tiene esta característica para quienes se acerquen a este film sin el debido interés), muchos de los recursos que se ven en esta película, como la técnica de los primeros planos expresivos, fueron empleados por Griffith por primera vez.

Dramáticamente, la película se anticipa también a su tiempo, pues echa mano al sistema de la narración múltiple; son cuatro relatos, por completo diferentes entre sí, aunque vinculados en su tema que es el del título: la intolerancia, o la injusticia, entendida como doloroso motor de la historia del hombre. Pero hay algo más: así como en «El nacimiento de una nación» su director se dejó llevar por sus muchas veces antipáticas opiniones políticas y sociales (de allí que hoy resulte inaceptable su racismo, común para la época), en «Intolerancia» prevaleció otra fuerza, también pionera para el cine: el sentido del espectáculo.

En especial, el llamado « episodio babilónico» es de una majestuosidad y un «operismo» tal que, aun con lo vetusto que pueda parecer a los ojos contemporáneos, todavía sorprende. Los otros capítulos son el « moderno» (una huelga de campesinos, sometidos al despótico mando de su patrón); el «francés» ( ambientado en la Francia del siglo XVI, cuando Catalina de Medici y su hijo el Rey Carlos IX masacraron a los hugonotes) y, como es de rigor en cualquier historia de intolerancia, el de la cruxifión de Cristo, que a su vez representa uno de los más nobles antecedentes del cine sobre la Pasión.

Marcelo Zapata

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