12 de diciembre 2007 - 00:00
Isabel Sarli actuará en un policial dirigida por Jusid
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Víctor Bo, Isabel Sarli y Nadia (amiga de su hija y también futura actriz), a la salida de la proyección de «El trueno entre las hojas» en Pantalla Pinamar.
P.: ¿Y por qué eso?
I.S.: ¿Y qué le parece? Una vez quisieron sacarnos unas fotos juntas a Virna Lisi y a mí. Una platinada engrupida y una morocha latina como yo. Ella me miró de arriba abajo y le dijo al fotógrafo «sono stanca». ¿Se da cuenta? No quiso salir en una foto con una sudamericana. Pobre mujer, ahora está tan mal, con Alzheimer, que ni sabe quién es ella misma. En cambio, Sofía Loren siempre me trató muy bien. Es una gran persona... Gina Lollobrigida no tanto, nunca me gustó.
P.: ¿Qué más recuerda de «El trueno...»?
I.S.: Filmamos en el interior de Paraguay, con un calor terrible, llenos de bichos. Me acuerdo de los mosquitos y los cascarudos que nos caían encima. Las heladeras eran a querosén y de pronto dejaban de andar. André Laszlo, el que hace de patrón, ya tenía cáncer. Yo creo que esos calores aceleraron la enfermedad. Se veía que estaba mal, pero él no nos decía nada. Entonces nadie mencionaba la palabra cáncer. Las últimas tomas las hicimos en Formosa.
P.: Y por supuesto les costó estrenarla.
I.S.: Mucho. Filmamos en 1956, y pudimos estrenarla recién en 1958. Hubo que estrenarla primero en Montevideo, donde fue un éxito tremendo, y recién entonces los exhibidores argentinos se animaron a exhibirla en Buenos Aires. No se animaban, por la escena del baño. Y en Paraguay, el general Stroessner la prohibió, porque se veía el maltrato a los mensúes. Nos dijo «esas cosas no ocurren en Paraguay». Hubo que poner un cartelito al comienzo de la película: «Lo que aquí se relata ocurrió en un pasado lejano. Hoy estas cosas no pasan».
P.: Recién, en la proyección, alguna gente se reía en la escena en la que tantos hombres la quieren violar. ¿Le molesta o le gusta que la gente se reía en ciertos pasajes de sus películas?
I.S.: ¡No, qué me va a molestar! Pero yo creo que la gente se ríe en las escenas de violaciones porque se pone nerviosa. Ah, quiero contar algo. Mucha gente me carga por esa frase que digo en «El último amor en Tierra del fuego» de «Me tomo el tren de las 3 y me voy a París». Pero lo que no saben es que hubo que cortar varias escenas anteriores, y mi personaje ya estaba en Francia cuando la dice. ¿Cómo no va a saber que está el Atlántico en el medio?
P.: Nadie como usted y Armando para filmar en escenarios naturales exóticos...
I.S.: ¡Ah, sí, en tantos lugares! En Africa, en Panamá...Cuando filmábamos en Panamá gobernaba el general Omar Torrijos. Ese me andaba atrás. ¡Me tenía harta! Y nos trataba muy bien, claro. El hijo tenía entonces cuatro años. Hoy es el nuevo presidente de Panamá. Pensar que lo conocí tan chiquitito.
P.: ¿Y cómo le cambió la vida esa primera película?
I.S.: Una se va dando cuentade a poco de todo eso. El éxito de «El trueno entre las hojas» y las películas siguientes fue tan grande que salimos en la tapa de «Time», de «Life», de las grandes revistas del mundo. La Fox nos distribuyó después nuestras películas. Hemos vendido hasta en la India. Pero a veces no recibíamos el dinero acordado, y no teníamos quién nos defendiera en los países lejanos. Yo veo que ahora el Incaa se preocupa por ayudar a los productores que venden películas en el exterior, es difícil que les pase lo que a nosotros.
P.: ¿Es verdad que tiene ganas de seguir filmando?
I.S.: ¡Pero claro que sí! Voy a hacer dos películas. Primero tengo una participación en una de Jorge Polaco. Nunca hice una participación especial, yo siempre fui protagonista, pero la hago por él, que siempre se portó muy bien conmigo, y quiere seguir trabajando aunque esté enfermo. El come que parece un pajarito, no se alimenta bien, por eso se agarra cualquier cosa. Ahora tiene Parkinson. De las películas suyas pueden opinar, pero de él que no me digan nada malo, porque para mí es una excelente persona, yo lo quiero.
P.: ¿Y la otra?
I.S.: ¡Un policial! Me encanta. Voy a hacer un policial negro en San Luis, y ahí va a debutar Isabelita, mi hija. Vamos a actuar juntas. Ya está terminado el libro y el director.
P.: ¿Quién va a ser el director?
I.S.: Bueno... se los digo. Va a ser Juan José Jusid. Ah, y hablando de San Luis, ¿saben que el Alberto Rodríguez Saa quiere que hagan una película sobre mi vida? Pero yo no quiero. Por lo menos mientras yo esté viva. Después, que hagan lo que quieran.
P.: ¿Le resulta raro filmar sin censura?
I.S.: Me hacen una gracia tantos de los que hoy son tan combativos y valientes.
Deberían tener más memoria. Cuando fuimos a protestar a Plaza de Mayo contra la censura, éramos Armando y yo, nadie más. Todas las ventanas alrededor se nos cerraban. Nadie nos acompañó.
Después fuimos a la oficina del censor Ramiro de la Fuente, muy anterior a Tato, nos atendió y nos dijo «Miren a su alrededor. El peor enemigo de ustedes no somos nosotros. El peor enemigo es el miedo que nos tienen todos sus colegas». Armando no tenía miedo y se jugó solo. Lo sigo extrañando. A él, y a otra gente que ya no está.
P.: ¿Como quién?
I.S.: A la Merello por ejemplo. Una vez por semana iba a visitar a Tita y siempre le llevaba dos docenas de rosas rojas. Una vez le llevé dos budines para comer con el mate, y se me enojó. Otra vez me dijo «ayudame a ir hasta el balcón, ahí tengo un rinconcito para rezar. Voy a rezar también por vos». La acompañé, se acomodó, y me dijo «ahora te vas». ¡Me echó! Yo la quería mucho. Fue ella quien me dijo «tenés que cobrar las entrevistas, los de la televisión tienen plata y vos le hacés el programa cuando vas». Y eso lo tengo en cuenta. Susana paga, y muy bien. Mirtha no paga y hay que ir gratis al programa de ella. ¡Así que yo al programa de Mirtha no voy!
P.: ¿A quién más extraña?
I.S.: Son tantos los que se han ido... Mi querido Paco Jaumandreu. El también era un valiente, siendo como era en esa época. Ahora también es fácil, es como lo de la censura. Encima, a él a veces le daba por salir a la calle con una capelina de mujer muy elegante, y un chal, qué se yo. Una vez, en la época de Perón, salió vestido así en un auto y lo detuvo la policía. Lo arrestaron de inmediato. Y él, desde la comisaría, la llamó a Evita, que era una gran amiga suya, para que lo liberaran. El problema era la hora. Evita lo atendió, medio dormida, y le preguntó qué hora era. «Las tres de la mañana, señora», le dijo Paco. Y ella «¿Las tres? Bueno, jódase por puto, yo voy a seguir durmiendo». Recién cuando se levantó lo hizo salir en libertad.
Entrevista de Paraná Sendrós y Marcelo Zapata




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