20 de agosto 2007 - 00:00

Jazz atractivo, pero aún algo impersonal

Jazz atractivo, pero aún algo impersonal
«Kairós». Gustavo Cortajerena cuarteto. Edición propia.

El trompetista Gustavo Cortajerena tiene un muy frondoso currículum. Oriundo de Tandil, y después de haber estudiado con prestigiosos maestros, en nuestro país y en el exterior, vivió en Los Angeles, donde trabajó junto a Artie Webb. Pero también fue músico «free lance» en distintas ciudades de los Estados Unidos, tanto en el terreno del jazz como en los de la bossa nova, la salsa, el klezmer o la música contemporánea. Ya de regreso en la Argentina, integró y dirigió diversas formaciones. En la actualidad, reparte su tiempo entre la docencia y el cuarteto -que completan tres muy buenos músicos: el contrabajista Gerardo de Mónaco, el pianista Pablo Raposo y el baterista Fernando Castellano-, con el que grabó y editó su primer álbum, «Kairós».

Registrado en Buenos Aires a fines del año pasado, el disco reunió una lista de temas donde conviven composiciones de Wayne Shorter («Night Dreamer»), Brent y Dennis («Angel Eyes»), Geoffrey Keezer («Premonition») y Hank Mobley («This I Dig of You»), con un par de títulos propios: «Heisenberg» y «Blues para Dizzy».

Cortajerena ratifica aquí toda su historia, tanto con la trompeta como con el jazz. El álbum está muy bien interpretado por él y por sus compañeros, y su estilo «hard bop» se muestra en toda su magnitud. Quizá le falte, por momentos, una mayor originalidad en las improvisaciones -punto central de su trabajo- o una búsqueda hacia su propia personalidad, para lograr diferenciarse y ascender un escalón en medio de un muy buen momento del género en estas tierras. No es casualidad, entonces, que el mejor momento del álbum llegue con el homenaje que él mismo escribió para Dizzy Gillespie.

R.S.

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