Zukerman Chamber Players. Obras de F. Schubert, A. Dvorák y F. Mendelssohn. (Teatro Coliseo.)
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Pinchas Zukerman, uno de los máximos exponentes del violín de la actualidad, volvió a Buenos Aires para presentarse junto un grupo de calificados músicos de diversos orígenes en dos conciertos bajo la denominación de Zukerman Chamber Players.
El primero de ellos fue para el ciclo «Nuova Harmonia 2008», y el programa estuvo consagrado en su totalidad a autores del romanticismo musical. Comenzó con el Trío para cuerdas, en Si bemol mayor, D. 471 de Franz Schubert, que en realidad es en un solo movimiento, y el único que terminó el compositor (Allegro moderato). Con él, Zukerman demostró una vez más su absoluto dominio de su instrumento que toca con una plenitud técnica sin fisuras y una expresividad sin excesos. El violoncello y la viola que se sumaron a él poseen similares características estilísticas, lo que hizo de este pequeño fragmento un placer para el oído. Un Quinteto de Antonin Dvorák (el Op. 97, en mi bemol mayor), y uno de Felix Mendelssohn (el N° 2, en si bemol mayor para cuerdas Op. 87), completaron el programa. Además del arte de Pinchas Zukerman, también se pudo admirar las capacidades de sus « amigos»: el violoncello de Amanda Forsyth, el violín de Jessica Linnebach y las violas de Jethro Marks y Ashan Pillai, completaron con él un excepcional quinteto de cámara.
Los cuatro movimientos del quintetode Dvorák y los cuatro del de Mendelssohn se oyeron con toda su energía técnica y expresiva. Hay que hacer notar la muestra soberbia del violín de Zukerman en los tramos finales de Dvorák (en el Allegro giusto) donde el músico israelí logró con su violín sonoridades comparables a las de los instrumentos populares del folklore Un minueto del Quinteto de Mozart (Sol menor) como bis cerró definitivamente el programa, con la sobriedad con que se había abierto, a pesar de los insistentes aplausos de un público que siempre quiere más música cuando está hecha a este nivel.
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