6 de diciembre 2007 - 00:00

"Justicia a cualquier precio"

Gere superael desafío deprotagonizara unaespecie deinquisidormoderno enel estupendoejemplo decine policialsobrecrímenessexualesdirigido por elhongkonésAndrew Lau.
Gere supera el desafío de protagonizar a una especie de inquisidor moderno en el estupendo ejemplo de cine policial sobre crímenes sexuales dirigido por el hongkonés Andrew Lau.
«Justicia a cualquier precio» (The Flock, EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: A. Lau. Int.: R. Gere, C. Danes, R. Wise, KD. Strickland, M. Sxhulze.

Una de las mayores cualidades de los cineastas de Hong Kong es su versatilidad y capacidad de adaptación a cualquier estilo o clase de industria, sin que eso implique perder pesonalidad. Andrew Lau ya había pasado de hacer comedias sexies y ultraviolentas como «Naked Killers 2» a concebir un producto mucho más maduro y refinado como la saga de films policiales como la de «Infernal Affairs», que terminó siendo objeto de una remake de Martin Scorsese en Hollywood («Los infiltrados»).

El paso siguiente era, lógicamente, tener a Lau filmando en Occidente, y su entrada a Hollywood es un raro ejemplo de cine policial sobre crímenes sexuales, tema complicado si los hay, y mucho más si se lo intenta enfocar con algún atisbo de seriedad.

«Justicia a cualquier precio» es una sorpresa dentro del género. Richard Gere encarna no exactamente a un policía, sino a una especie de personal del servicio social encargado de monitorear a delincuentes y abusadores sexuales que no están presos sino conviviendo, en libertad, con las que podrían ser sus próximas víctimas. Esta idea es precisamente lo que obsesiona al protagonista, tanto como para ser presionado para a dejar su puesto luego de casi veinte años de trabajo, cosa que no piensa hacer hasta no haber formado debidamente a un sucesor. O mejor dicho sucesora, ya que es Claire Danes la que debe acompañar a esta especie de moderno inquisidor en su habitual ronda de interrogatorios a pervertidos de todo tipo y calibre incluyendo «degenerados, violadores, molestadores de animales, necrófilos y adoradores de estatuas».

El trabajo implica monitorear a un centenar de individuos supuestamente ya rehabilitados para la sociedad, algo que por supuesto este vigilante no cree en absoluto, lo que lo lleva a tomar la justicia por su mano ante la imposibilidad de hacer otra cosa en medio de la abulia y burocracia que lo rodea.

Redimir a un héroe tan perdido en el oscuro submundo que debe controlar es una tarea difícil para un guión que logra huir de los lugares comunes apoyando el peso del drama en dos soberbios personajes femeninos: el de la posible sucesora (buen trabajo de Claire Danes) y en especial de la monstruosa psicópata sexual interpretada formidablemente por KaDee Strickland con una intensidad que no se veía desde los mejores tiempos de Faye Dunaway.

El film es también un desafío para Richard Gere, que no se metía en asuntos tan retorcidos desde los buenos viejos tiempos de «American Gigolo». Como el nombre de Gere suele estar asociado a productos más livianos, conviene avisarle al espectador desprevenido que, por decirlo de algún modo, esto no es «Mujer bonita».

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