14 de marzo 2008 - 00:00

La Aduana volvió a amenazar muestras de arte en el país

El divorcio de intereses que separa a los funcionarios de los artistas e intelectuales se acentuó en estos días con un episodio que amenazó con obstruir el ingreso de obras de arte al país. La complejidad de los trámites aduaneros locales determina que la Argentina esté aislada del resto del mundo, a pesar de que la ley 24633 ampara la importación temporal.

Hasta el miércoles a la tarde, según informaron a este diario fuentes confiables, una nueva resolución aduanera puesta en vigencia la semana pasada había derogado la franquicia para la importación temporaria de arte, que cayó en la misma bolsa de los autos para los diplomáticos. En los hechos, el primer ingreso que se puso en riesgo fue el conjunto de 120 pinturas y dibujos de la brasileña Tarsila do Amaral, que a partir del 27 de marzo se exhibirá en el Malba, pues derogada la franquicia la Aduana demandaba un depósito de 40 millones de dólares.

En la Feria arteBA, que se inaugura en mayo, expresaron sin rodeos su preocupación, ya que esperan la llegada de más de veinte galerías del exterior, y la nueva normativa podría implicar la suspensión de estos compromisos. ¿Qué galerista aceptaría venir a la Argentina, si tiene que dejar varios miles de dólares en reserva?

Entretanto, fuentes de la Aduana dijeron a este diario: «Hubo un malentendido de una división técnica de la Aduana que se va a solucionar pronto y todo va a volver a la normalidad». Lo cierto es que en el Malba sostienen que «no hay mucho que decir porque se está resolviendo positivamente la llegada de las obras de Tarsila do Amaral». Pero se niegan a responder concretamente si fue un «malentendido», como aseguran en la Aduana, o si la auténtica resolución que estuvo vigente hasta ayer, como afirman algunos damnificados.

El transportista Rubén Méndez, a cargo de la importación de la muestra del Malba, brinda una respuesta elusiva: «No sabía que habían derogado alguna normativa de las franquicias. Sé que están habiendo muchos cambios pero hasta que no quede claro cuáles son es prematuro hablar de ellos».

Si bien Eduardo Costantini fue un personaje expansivo hasta hace pocos años, su política cambió cuando tuvo que vender una obra irrecuperable de Matta para pagar el pecado de atesorar las pinturas de Frida Kahlo, Diego Rivera y otros grandes maestros del arte latinoamericano, inclusive las de algunos argentinos que repatrió, como Antonio Berni. Antes de pagar el 10,5% del valor de las obras compradas en el extranjero en concepto de IVA, Costantini apeló a la opinión pública. Pero una de las respuestas que consiguió, acaso la más desalentadora, fue que le preguntaran si creía que tener un museo le iba a salir gratis. Ayer, en el Malba, Maraní González del Solar, a cargo de los trámites aduaneros, dijo a este diario que no podía brindar ninguna información.

Otra gran muestra que llegará al país este año es la de Marcel Duchamp, con un costo de 30 millones de dólares. Consultada Adriana Rosenberg, directora de la Fundación Proa, contestó que la exhibición de Duchamp se inaugura en noviembre, y que presumía que para esa fecha revisarían una medida que implicaba el fin de la llegada de las obras extranjeras al país.

En su primer encuentro con la prensa, el secretario de Cultura, José Nun, anunció que iba a sacar adelante un proyecto de ley para eximir del IVA la importación de obras de arte, que en la Argentina tributa como la carne o cualquier otro producto comercial. La Ley de Libre Circulación del Arte (que no se cumple), se sancionó en los tiempos de Mario O'Donnell, y el IVA se redujo de 21% a 10,5%. En ese entonces se dijo que era inminente la supresión del impuesto, pero como previó Clorindo Testa: «No hay nada más perdurable que lo provisional».

Un estado indolente mantiene vigente este tributo, aunque se sabe que desalienta al coleccionismo local e internacional, y que cuesta más recaudarlo que lo que ingresa en el concepto de «obras de arte». ¿Cómo se integra la Argentina al resto del mundo? Es una pregunta que eluden los funcionarios.

Se debe tener en cuenta que 10,5% de IVA se aplica no sólo a los artistas extranjeros sino también a los argentinos que realizan obras en el exterior, obligación que, según se interprete, contradice la Constitución, que dice: «Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir o difundir informaciones ideas de toda índole sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección».

Además, se debe tener en cuenta algunas cuestiones básicas. Países sin tradición de siglos, como el nuestro, deberían estimular el ingreso del arte, porque es el único modo de que se formen colecciones internacionales. La prueba es que 90% del patrimonio de los museos argentinos, proviene de donaciones de colecciones privadas, compradas en el extranjero e ingresadas en el pasado, cuando no existían trabas fiscales.

A las desventuras de quienes quieren ingresar o sacar arte por la Aduana ( Daniel Scioli tuvo que llevar los aduaneros a un stand de arteBA para facilitar los trámites), se suma otra propuesta de Nun que afecta a los compradores de arte. El secretario de Cultura aspira a resguardarlos derechos de autor de los artistas visuales a través de un proyecto de ley que incorporaría el droit de suite, o sea, el pago de 5% a todos los creadores cuyas obras sean revendidas en galerías y casas de remates.

El propósito de proteger a los artistas es loable, la cuestión es quién va a administrar esa recaudación y quién controlará que se cumpla la ley. ¿Más burocracia? El comprador de una obra no es dueño absoluto, la imagen sigue siendo del artista o sus herederos, y para publicarla se debe pagar el derecho a su autor o sus herederos. El costo del droit de suite iría a parar al precio final y el comprador ya paga 21% de IVA y 0,75 de Bienes Personales sobre el valor de la obra.

En este ambiente enrarecido, al menos fue positiva la iniciativa del ministro de Cultura de Buenos Aires, Hernán Lombardi, quien apoyó la participación de un grupo de jóvenes galeristas porteños y les pagó diez stands para que presenten nuestro arte en la Feria de Milán en la última semana de marzo. Súbitamente se organizó un equipo. Dos galeristas que tienen recursos para pagar el pasaje y la estadía, se harán cargo de presentar y vender las obras de sus colegas.

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