27 de noviembre 2007 - 00:00

La geometría sensible de López Osornio en La Plata

Una de las obras de Oscar López Osornio que integran la muestra «Vanguardia platense del 60 al 70», actualmente en exhibición en el Museo de Arte Latinoamericano que él mismo fundó y hoy lidera como director y curador.
Una de las obras de Oscar López Osornio que integran la muestra «Vanguardia platense del 60 al 70», actualmente en exhibición en el Museo de Arte Latinoamericano que él mismo fundó y hoy lidera como director y curador.
Presente con su obra en distintas exposiciones durante 2007, César López Osornio participa actualmente en « Vanguardia platense del 60 al 70», que se exhibe en La Plata, en el Museo de Arte Latinoamericano, que él lidera como director y curador.

«López Osornio viajó hacia el fondo de la geometría lírica y ha sido capaz, como pocos, a fuerza de líneas y de círculos, de elaborar un cosmos personal», escribió Antón Castro en el catálogo para su muestra en Zaragoza.

En sus obras «La otra geometría», «Las lluvias y los soles», «Las lágrimas y los soles», plantea un espacio que dialoga y se entrecruza con lo que podríamos llamar geometría sensible.

Su serie «Soles flotantes» genera una armonía de esferas luminosas en las que aplica el color por tonos y transparencias. «En mi hacer trato de que el color se expanda estelarmente en una superficie atomizada en la cual la forma, reteniéndolo, lo deje libre, y donde su materia se componga», sostuvo.

En estas obras, según el crítico catalán José Corredor Matheos, el color surge como por incandescencia y tal es la intensidad de sus colores, que se diría que el espectro se prolonga fuera de nuestra capacidad de visión.

«En la Argentina, sobre todo, la pintura geométrica es la única valiosa», había escrito hace más de cuatro décadas el crítico Nello Ponte («Tendencias Contemporáneas», Editorial Skira,1960). Puede tratarse de un juicio exagerado. Sin embargo, esa afirmación presentó un hecho incuestionable, que suele olvidarse: el arte concreto no se afianzó en la Europa donde nació sino en esta orilla del Plata. Aquí no intervinieron preferencias sobre estilos o artistas sino las evidencias históricas. Con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial, sofocado el constructivismo soviético, por razones políticas, terminado el neoplasticismo (Mondrian muere en su exilio neoyorquino, en 1944), archivada Abstraction-Création, la geometría está como en receso en Europa, no existe en los Estados Unidos (salvo Albers), en la Argentina los jóvenes concretos se sabían vanguardia.

La década del 40, en la que empezó la consolidación del arte argentino, presenció un acercamiento nunca visto de pintores, escultores, arquitectos, músicos y poetas alrededor de comunes objetivos de ruptura. En el caso del arte, es tan nítido el corte con el pasado que estableció un giro copernicano en la historia de nuestras manifestaciones estéticas. Reconociendo aquel momento del arte argentino, en los años 60 se sucedieron dos retrospectivas «Quince años de Arte Madí» (1961), en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; y «Arte Concreto-Invención» (1968) en la Sociedad Hebraica Argentina. Más abarcativo fue el balance «Del arte concreto a la nueva tendencia. De Maldonado a Le Parc» que se expuso en 1963, en el Museo de Arte Moderno. Jorge Romero Brest organizó su última exposición como director del Museo Nacional de Bellas Artes, en 1963, «Más allá de la geometría», y en 1968 «Beyond Geometry» en el Center for Interamerican Relations de Nueva York.

En ese contexto artístico de los años 60, varios artistas, entre ellos, López Osornio plantearon una geometría sensible: compartían modalidades de los concretos aunque se diferencian por tres variantes: la serialización de formas elementales con un espíritu totalizador y una acendrada riqueza cromática, el uso de planos entrecortados definidos con grandes manchas de color; y la elaboración de estructuras libres. Pero aún los más racionales trataron de atenuar la austeridad del mensaje con efusiones cromáticas, urdimbres lineales o golpes lúdicos.

«Sólo aquellos que están enraizados en experiencias vitales son capaces de percibir con claridad el andar de los acontecimientos, ampliando con sus planteos la conciencia de la humanidad y los fines que ésta debe perseguir». Estas palabras son parte de sus postulados vitales.

Egresado en 1959 de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, residió en Japón de 1960 a 1962, con una beca de estudios de arte oriental en el Departamento de Arte de la Universidad Tecnológico de Osaka. Y en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de Kyodai de Kyoto.

Paralelamente a su actividad creadora, López Osornio ha desarrollado una larga trayectoria docente. «No considerar la educación por el arte como propiciador del desarrollo humano es una forma de incultura que constituye un escándalo intelectual» sostuvo.

Fue profesor titular de Visión en la Universidad de La Plata hasta mediados de los años 70 cuando debió iniciar su exilio forzado. Se desempeñó luego en la Universidad Central de Caracas, ciudad donde residió entre 1975 y 1980; y en la Universidad de Zaragoza, España, hasta 1999, cuando volvió a la Argentina. A su regreso fundó en La Plata el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano, con el rico fondo de arte donado por artistas latinoamericanos residentes en Europa.

La idea del MACLA la había gestado en 1978, durante su residencia en Caracas. Luego, radicado en Barcelona, en los años 80 proyectó una exposición de artistas latinoamericanos. «Inicié contactos con artistas residentes en Europa recibiendo el apoyo y la participación casi unánime de todos, en relación con el proyecto « Confluencias», como se llamó la primera muestra de latinoamericanos residentes en el Viejo Continente por exilios voluntarios o forzosos.»

La presentación se concretó en 1992 y muchos de los participantes donaron sus obras como fondo para ese futuro museo, que finalmente fundó en 1999.

En el año 2003 se integraron al patrimonio aproximadamente 100 obras de la Colección MADI Internacional, derivación del movimiento fundado en la Argentina en 1946. La colección incluye obras de 51 artistas de Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Francia, Hungría, Italia, Japón, Suiza, Uruguay y Venezuela.

Arte y vida no son para López Osornio una creación acabada y perfecta sino un continuo proceso de búsqueda, aprendizaje y conocimiento. «Como hombre no podría vivir de otra manera que enriqueciéndome junto con los demás. Sin el arte yo no podría ser. Hay mundialmente una crisis de la educación de las artes. Hoy casi toda la provocación creativa está llevada por teóricos de biblioteca, saturados de conceptos erróneos que postulan que lo suyo es lo absoluto, o por profesores que ven coartadas todas sus posibilidades, al no realizar actividades creadoras o de investigación serias.»

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