El arte de Sandro Pereira: las brutales distorsiones que impone
a su rostro en las fotografías son el punto de partida desde
el cual se piensa a sí mismo y sale a indagar el mundo.
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Desde la condición que implica ser tucumano (una de las provincias más pobres de la Argentina), pero con el coraje que brinda la materialidad del cuerpo representado en esculturas, imágenes y pinturas, nuestro artista sale a explorar las profundidades del otro. Así, descubre que su identidad y la del otro se construyen en el mismo instante en que se disgregan en el tiempo.
El chico que vemos en la mesa de un café, es el mismo que se desdobla y yace bajo la mesa. Se trata de un juego riesgoso, de un viaje de ida y vuelta a la muerte. Pero también se trata de un camino circular, que sale del yo para regresar a ese yo cada vez más expandido que le sirve de sustento.
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