En la función de estreno, el público que llenaba la sala -en una noche con rumores de cacerolazo-no disimulaba su ansiedad. Cuando las actrices aparecieron en escena las recibió una ovación, luego un silencio expectante y finalmente un tímido: En todo momento se ocuparon de dejar en claro que estaban muy lejos de comulgar con ese texto, demasiado ingenuo para su mentalidad, pero hecho evidentemente a la medida del gran público. Para estas humoristas aguerridas, que alguna vez se atrevieron a salir a escena con un pene gigantesco entre las piernas, no era poco desafío jugar a que «da vergüenza» hablar de las vaginas.
Felizmente, descubrieron la manera de entrar y salir del juego prefijado sin traicionar su estilo, ya sea a través de la burla, el gesto escéptico o mostrando simplemente que esa complicidad de trío que pide la puesta en este caso es auténtica. A esto hay que sumar la extrema receptividad que demostraron ante las reacciones del público (respondiendo a todo sonido o comentario que proviniese de la platea).
Todas dieron muestras de su conocida creatividad en la construcción de cada uno de estos personajes ajenos a su pluma.
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