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10 de marzo 2004 - 00:00

Libro detalla cómo Hitler llegó realmente al poder

Hasta fines de 1932 la ascensión al poder de Adolf Hitler no era improbable, era casi imposible. Henry Ashby Turner, Jr., profesor de Historia en la Universidad de Yale, detalla en "A treinta días del poder" (que acaba de llegar a la Argentina) cómo Hitler no se hizo del poder sino que lo consiguió de rebote, cuando menos lo esperaba, con su movimiento en declive y con importantes escisiones en su interior. El narrador español Antonio Muñoz Molina, miembro de la Real Academia, al presentar la obra de Ashby Turner recuerda cómo una visión ideológica impidió ver los hechos. Ofrecemos, en forma exclusiva, una síntesis del prólogo del Muñoz Molina.

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"A treinta días del poder"

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Parece mentira, pero esa jerga se usaba lo mismo en una clase de historia medieval que en una asamblea política. Casi lo primero que se nos enseñaba al ingresar en la facultad era el desdén hacia la «historiografía burguesa», que era todo lo que no se ajustara estrictamente a la ortodoxia marxista más vulgar, más estrictamente soviética. El resultado era que no se estudiaban las cosas concretas y reales que habían sucedido, sino elucubraciones escolásticas sobre «períodos de transición» o « modos de producción»; quedaba legitimado cualquier horror o desastre en virtud de su necesidad histórica, lo cual venía estupendamente para justificar las barbaridades cometidas por los sistemas comunistas; eliminaba la responsabilidad personal: si todo estaba determinado históricamente, y si además los seres humanos sólo actúan en virtud de su conciencia o su instinto de clase, las opciones políticas o éticas individuales son irrisorias, o incluso culpables de antemano. Y, además, convertida en simulacro de ciencia, en especulación teológica, la historia perdía su antiguo carácter narrativo, de modo que quedaba abolido el placer de leerla.



Tan aterrador como ir sabiendo lo que ocurrió día por día es darse cuenta de que nadie lo percibiera de verdad, en todo su horror. Nadie en la derecha alemana parecía reparar en la ideología bestial del nazismo; nadie en la izquierda concedía mucha importancia a Hitler; la ciudadanía hastiada de política y desmoralizada por la crisis económica no llegó a enterarse de las conspiraciones en las que se enredaba una clase política deleznable ni prestó atención al cambio de gobierno. En el noticiero cinematográfico de esa semana, explica
Hemos leído muchas veces el relato del ascenso de

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