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30 de marzo 2021 - 00:00

Sebastiano Mauri: "La ficción me permite ser más libre y honesto"

Tal como Oscar Wilde defendía lo superfluo, señala que una economía que deja de comprar lo innecesario termina de rodillas.

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Mauri. Autor de “Disfruta de problema”, que publicó Adriana Hidalgo.

Novela de formación, romántica, gay y libertina son algunas de las marcas de “Disfruta del problema” de Sebastiano Mauri (Adriana Hidalgo Editora). El italiano Mauri ha pasado su vida entre Milán, Buenos Aires y Nueva York. Es un artista que estudió en la Byam Shaw School de Londres y sus obras se han expuesto en galerías y museos de todo el mundo; también un cineasta diplomado en la New York University, cuyos cortos ganaron los premios Warner y Martin Scorsese Post-Production, y con su película “Favola” el Flaiano Opera Prima en Pescara. Desde Milán, donde reside y acaba de publicar una nueva novela, dialogamos con él.

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Periodista: ¿La pandemia borró de Nueva York las orgias que cuenta su novela?

Sebastiano Mauri: “Disfruta del problema” está ambientada, en gran parte, en la Nueva York anterior al 11 de septiembre, una Nueva York que ya no existe. Hasta ahí era la ciudad inatacable, que nunca para, donde todo era posible. Fue atacada, paró, la economía cayó, hubo miedo y sufrimiento. La Patriot Act limitó las libertades. Creció la xenofobia. El alcalde Giuliani, ahora abogado de Donald Trump, empezó un proceso de “gentrification” fuerte. Nueva York, famosa por lo impredecible, se volvió una Manhattan limpia, cara, burguesa, con cadenas de restoranes, de librerías, de negocios. La pandemia frenó una ciudad que vive del turismo y el consumismo. La economía estaba atada al consumo de gadgets, de commodities innecesarias para la supervivencia, y la gente pasó a comprar solo lo necesario. Y cuando no se vende lo innecesario la economía termina de rodillas. Ahora queda ver en cuánto va a volver a lo que era antes. Los encuentros que se hacían tomando un avión hoy se hacen por Zoom. Para que la máquina siga funcionando se hallaron nuevos modos de hacer las cosas, y no creo que se vaya a volver a lo anterior.

P.: ¿Su novela participa de la nueva novela romántica gay?

S.M.: Ese género existe hace décadas con autores como Edmund White o David Leavitt. Más cerca de lo que yo escribo está Augusten Burroughs, y en cuanto estilo mi modelo es David Sedaris. No es algo nuevo. Ahora que hay casamiento gay en la mayoría de los países democráticos del mundo, la Argentina entre los primeros, la sociedad cambió la forma en que son percibidas estas relaciones, eso hace que más gente se anime a contarlas. Una escritora no quiere que su obra se califique de literatura femenina. No se entiende por qué si Hemingway es para todos, Virginia Woolf tendría que ser para mujeres. En “Disfruta del problema” hay la historia de dos hombres que se enamoran, lo que no quiere decir que sea una novela necesariamente gay ni para gays. Esas etiquetas sirven para encasillar en una categoría especial. Pero mi libro puede ser visto como una novela de formación, en la que el protagonista busca encontrarse a sí mismo. Están las búsquedas, las tentaciones y la aceptación del amor, temas universales. Y si son universales cuando las cuenta un hombre hetero tendrían que serlo cuando las cuenta una negra lesbiana. A un profesor que dijo que el arte de Bacon era homosexual, le preguntaron si el de Pollock era hetero. A nadie se le ocurriría definir el arte de Pollock como heterosexual. De paso, cada vez que aparece la palabra sexual limita la atracción, la aleja del interés amoroso. El sexo no es lo esencial cuando se decide la vida con alguien, lo esencial es el proyecto en común, la permanencia de afectos. Si se dice homoafectivo se señala algo distinto a homosexual, se habla de una persona que busca el afecto de una persona del mismo sexo, deja de lado lo genital, por más que el amor y el sexo tienen la tendencia de andar juntos.

P.: ¿Cuánto tiene su novela de autobiografía y de ficción?

S.M.: La ficción y la biografía se abrazan todo el tiempo. Hay mucho de mi vida y mucho que no lo es. Y una vez que las escribo las partes que no son mías se hacen mías. Lo que no es hubiera podido ser. Entro y salgo de la ficción. La ficción me permite ser más honesto, más libre, poner más profundamente las manos en la verdad.

P.: Su novela es una guía de zonas del jet set, negocios top, restaurantes exclusivos...

S.M.: Viví 13 años en Nueva York y esas referencias salen de la vida; eran los lugares adonde ir. Muchas ya no están más. La discoteca Limelight ahora es un shopping. Nueva York todo el tiempo está cambiando la piel, y con el covid cerraron la mayoría de los restoranes. Habrá que ver cómo será una vez que este virus pase.

P.: ¿Cómo pasa de la literatura a las artes plásticas o el cine?

S.M.: En Italia estudié Letras porque quería ser escritor; en Londres arte, y cine en Nueva York. Terminé haciendo esas tres cosas. No soy el tipo de persona que puede hacer la misma exploración toda su vida, como Mondrian. Me gusta estar en un campo en el que siento que tengo que aprender. Cuando se me da la oportunidad me lanzo. Cada medio me permite hablar de temas distintos. Estoy abierto a la vida y todo se relaciona. Mi literatura tiene gran influencia del cine. Siempre se está viendo lo que pasa, el ritmo no permite quedarse mucho tiempo en la cabeza del personaje, la acción empuja hacia adelante.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

S.M.: Acaba de aparecer en Italia otra novela, “La nuova terra”, que cuenta de un ítaloargentino que viaja a la selva del Amazonas donde se realizan ceremonias ancestrales con ayahuasca. Allí hace un viaje interior y exterior que lo lleva a tomar conciencia de la catástrofe climática. Entra en crisis con su vida, sus valores, su trabajo y su vida sentimental. Además de eso, estoy guionando algo para podcast.

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