Los Rolling superaron en calidad sus visitas previas

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Curiosamente, el show de los Rolling Stones comenzó por lo que suele ser el final. «Jumpin' Jack Flash», igual que «It's only rock & roll (but I like it)» históricamente son bises. Especialmente el segundo tema del concierto sonó demasiado acotado, en una versión más corta que siempre, y casi sin solos de guitarra. Más allá del impacto de la aparición en escena de Sus Majestades Satánicas, la primera media hora del show mostró a unos Stones en piloto automático, muy profesional pero no demasiado arrojados en arreglos y entrega musical.

Con el quinto tema, «Tumblin Dice», uno de los temas favoritos de Keith Richards, el grupo se mostró menos forzado a impresionar, aunque otra vez llamó la atención la falta de solos de guitarra. Extrañamente, en los primeros 40 minutos, lo mejor fue el tema nuevo, con un imparable ritmo funky «Rain fall down». Pero a partir de ahí, con una formidable versión de «Midnight Rambler», el Bigger Bang Tour realmente explotó a los niveles más altos de una performance Stone, y en adelante el nivel nunca dejó de oscilar entre lo antológico y muy bueno, superando en cierto modo las actuaciones suyas que sus fans argentinos disfrutaron hace casi una década.

En repertorio antes había más matices y sorpresas, pero con el costo de dejar afuera de su set temas esenciales como por ejemplo el citado «Midnight Rambler». Esta vez sólo faltaron blues como «Love in Vain», y quizá se podría lamentar la ausencia del clásico «Wild Horses», pero «You can't always get what you want», «Satisfaction», «Miss You», «Sympathy for the Devil» y «Paint It Black», en versiones impecables, lograron algo tan difícil como sintetizar en 20 temas y poco más de dos horas un repertorio como el de Jagger y Richards.

En cuanto a la puesta, el Bigger Bang es lo mejor que han hecho los Stones en décadas. No hay construcciones gigantes (que tampoco son útiles) ni distracciones espectaculares, e insustanciosas. Sólo un gran escenario, una impactante pantalla de alta definición, y un miniescenario que se desprende del principal e increíblemente avanza entre la multitud para situarse en medio del campo (para «Miss you» y «Start Me Up»), los efectos especiales son la música, y estos músicos sexagenarios que, tal vez sin las inseguridades de los últimos tiempos, donde siempre tenían que demostrar que no estaban viejos, ahora directamente se dedican a tocar como en los '70.

Justamente en «Midnight Rambler», la pantalla mostraba una imagen psicodélica solarizada del grupo, recordando sus viejos films de actuaciones en vivo, cuando no había otra pirotecnia que la guitarra de Richards o Mick Taylor o el bajo de Bill Wyman (cuya ausencia se extraña menos ahora que en la gira pasada, obviamente por el tiempo que ya lleva con ellos el bajista Darryl Jones).

Todo no se puede, y no hubiera molestado en absoluto la inclusión de «Under my thumb», «Bitch» o «Get Off My Cloud». En cambio un cover que nunca tocaron, «Night Time Is The Right Time» (con la imagen de Ray Charles en la pantalla) fue uno de los puntos culminantes, gracias a un primer plano para el saxofonista Bobby Keys y una soberbia intervención de la cantante Lisa Fischer «à la Jagger», que le dio un protagonismo inédito para una corista de apoyo y que demostró el nivel de cohesión que tiene la banda, y la saludable ausencia de los celos internos que venían socavándola en tiempos recientes (partida de Wyman incluida). Otro aporte interesante a los matices del set fue el lento «Worried About You», con un raro Jagger en teclados.

Como es de rigor, Keith Richards tuvo su momento sin Jagger, con el mejor de los temas del último disco, «This Place Is Empty» y el acostumbrado «Happy», donde volvió a no tocar el solo, que le dejó a Ron Word en slide guitar. Es difícil saber los motivos del escaso número de solos de Richards en toda la noche, pero lo que es seguro es que cuando llegó la hora de redondear la quintaesencia del sonido Stone en «Sympathy For The Devil», lo hizo mejor que nunca. Hacia el final, cada tema incluyó solos a discreción del ovacionadísimo violero, brillando especialmente por lo original de los arreglos en «Paint It Black», en la larga y hermosísima versión de «You Can't Always Get What You Want», e inclusive en el último bis, «Satisfaction», que más allá del riff no suele dar para solos de guitarra, pero esta vez lo hizo, acompañado del coro perfecto de los 65 mil fanáticos. Aunque Jagger le dijo al público que lo veía igual que ocho años atrás, el clima fue mucho más distendido y mucho menos tenso que en los shows de los '90. Había muchos adolescentes decididos a no perderse lo que tal vez sea una de las últimas posibilidades de ver a la mayor leyenda del rock & roll aún en acción, e inclusive una cantidad llamativa y saludable de padres con sus hijos. Obvio, esto solamente dentro del estadio...la ansiedad y la tensión estaban afuera.

The Rolling Stones -Bigger Bang Tour- Estadio River Plate 21 de febrero (repite hoy.)

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