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19 de noviembre 2024 - 10:14

Mariana Chaud: "La inteligencia artificial es como los sueños, arma algo con los restos que van quedando"

La nueva obra escrita y dirigida por Mariana Chaud ganó el Premio ARTEI a la producción de teatro independiente y fue estrenada en co-producción con el FIBA. Puede verse los sábados en Nün.

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Chaud, el arte y la IA en el centro de la escena.

“Es interesante esta lucha con la máquina y la inteligencia artificial (IA), que ya nos está reemplazando en algunas cosas. Sin embargo, seguimos poniéndole el cuerpo con nuestra particularidad y lo artesanal, eso lo único que nos salva”, dice Mariana Chaud, autora y directora de “Marcela contra la máquina”, espectáculo ganador del Premio ARTEI a la producción de teatro independiente 2024 y realizado en co-producción con el FIBA 2024 que se presenta los sábados a las 22.30 en Nün, Juan Ramírez de Velasco 419.

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Con actuaciones de Ximena Banús, Violeta Brener, Nicolás Levin y Luciana Lifschitz, la obra gira en torno a dos actores y una dramaturga que se juntan a ensayar. Su hija llega y queda presa del ensayo; critica todo lo que hacen. La obra que ensayan intenta contar los sueños de los personajes a través de una extraña hipótesis: los sueños se han deteriorado con el tiempo, como la alimentación, el aire y el agua, así como la imaginación. Entablan una competencia con la IA. Actores, personajes y sueños se confunden en pesadilla. Conversamos con Chaud.

Periodista: A juzgar por la historia, ¿hay algo de autobiografía en la dramaturgia?

Mariana Chaud: Los personajes están en un lugar extrañado, es algo que pasa pero a la vez hay que hacer ficción y correrse de eso. A la vez uno no puede no hacerse cargo de lo que sucede. La idea de este espacio ficcional de ensayo es habilitar ese juego de ida y vuelta en este enclave. Hay cosas que nos pasan generacionalmente como grupo de gente que ensaya, comparte y amigos que viven cosas parecidas.

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Ximena Banús, Violeta Brener, Nicolás Levin y Luciana Lifschitz en la obra que gira en torno a dos actores y una dramaturga que se juntan a ensayar.

P.: ¿Por qué quisiste hablar de sueños deteriorados con el paso del tiempo?

M.Ch.: Vengo investigando y leyendo, pasé por “Primero sueño” de Sor Juana Inés de la Cruz. Empecé a leer sobre sueños y tomar nota de los propios. Leí a Carl Jung y su extraña hipótesis. El contaba que soñaba con ríos de sangre y con 1914 pero nada de lo personal le resonaba. Luego empezó la Guerra Mundial y aparece algo de cómo se cuela en nuestros sueños la pesadilla colectiva. Los conflictos sociales toman un cariz fuerte en los sueños entonces hay algo de eso que se rebela.

P.: ¿Qué hay en cuanto a la alimentación empeorada y la ecología?

M.Ch.: Estamos viviendo una distopía, es difícil habitarla y pensar qué hacer con la falta de esperanza y futuro cuando no se están tomando ninguna de las decisiones que se debería. Es imposible alimentarse bien o mejorar el medioambiente y pensar en qué acción toma uno en eso. Hay una frase en la obra que dice “El fin del mundo ya llegó y no hicimos nada. Tostadas, trámites y huevos duros”.

P.: ¿Cómo es esta competencia con la IA? ¿La usaste para la escritura?

M.Ch.: Empecé a pedirle argumentos textos, me puse a competir con la IA, me presenté a un concurso y después eso que hice apareció en la obra. Me resultaba muy atractivo lo que pasaba con los pedidos a la IA, hay cosas geniales, cosas horribles, algo desesperante es ver lo rápido que es, como toma todo lo que uno vivió, y como uno no puede competir. También hay algo de la paritcularidad y lo artesanal que nosotros hacemos que es imposible de reemplazar

P.: ¿Como trabajaste la puesta?

M.Ch.: Está la idea de reciclaje con varias escenografías de otras obras mías, hay maquetas, cosas que no se habían usado nunca y estaban ahí en mi casa o de la gente del grupo. Pensamos qué hacer con eso y entró en juego lo medioambiental. Quisimos dejar de construir y generar desperdicio, quisimos reutilizar. Ahí juega el sentido y genera otras capas, en la misma línea que los sueños hechos de restos diurnos, como una reelaboración de algo de la vigilia. O como la IA. Que arma algo con los pensamientos que van quedando.

P.: ¿Cómo es hacer hoy teatro independiente?

M.Ch.: Está difícil como siempre. Cuando empecé era igual con el agravante que uno tiene más años y ha recorrido más camino pero las cosas son bastante parecidas. Quizá hay algo facilitado porque ya me conocen pero en lo económico está bastante parecido. Al mismo tiempo hay algo de hacer lo que nos gusta, que nos une, motiva y es único. Hay un retroceso pero acá seguimos.

P.: ¿Cómo ves el teatro y la cultura?

M.Ch.: Vamos a seguir produciendo más allá de la falta de acompañamiento estatal en cine y teatro. Hay una estigmatización del artista, como si no fuera necesario eso, para pensar estos temas de coyuntura que tienen que ver con las maneras de vivir. Hay una reelaboración de lo simbólico, hay que devolver a lo artístico y la jerarquía que tiene, claro que sin compararnos con médicos pero la cultura está siendo muy ninguneada por el Gobierno. Tenemos que seguir tratando de construir ese pensamiento simbólico, es la única salida. El nuestro sigue siendo un un lugar de mucha vitalidad y resistencia.

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