Mario Camus: adiós a un cineasta ejemplar

Espectáculos

Con una ceremonia intima en su Santander natal fue despedido ayer Mario Camus, realizador de “Los santos inocentes” y otras películas generalmente notables, enorme adaptador de obras literarias, destacado director de actores y hombre de una sola mujer, que lo acompañó largos años. Cuando ella murió, empezó su declive físico y anímico.

Nacido en 1935, criado en los dolores de la Guerra y la Posguerra Civil Española, Camus aprendió su oficio en la Escuela Oficial de Cinematografía junto a Carlos Saura y otros jóvenes que pronto formaron lo que se llamó el Nuevo Cine Español. Pero él no quiso ser un “autor”. Los créditos iniciales de sus películas no exhiben la pomposa expresión “Un film de”, y eso que hizo muchas realmente personales, y fácilmente reconocibles como suyas, por la mano, el manejo de determinados temas, el compromiso con la historia de su país, y a veces también por lo aburridas.

No todas fueron perfectas. Pero en todas hubo algo de valor, inclusive en las comerciales que hizo con Raphael (“Cuando tú no estás”, “Al ponerse el sol”, “Digan lo que digan”, esta última en coproducción con la Argentina, filmada en Buenos Aires), Ornella Muti (“La joven casada”, otra coproducción argentina), Sara Montiel (“Esa mujer”, con pésimo libreto de Antonio Gala) y Terence Hill (western-paella “La cólera del viento”).

Raphael le hizo ayer el mejor retrato: “Yo le tenía, primero, un respeto enorme, y, segundo, un cariño que se ganó con el tiempo. Le quería muchísimo. Era un hombre muy prudente y callado, encantador, muy tranquilo. Le entendías perfectamente, no era nada histérico. No recuerdo nunca una mala cara ni echarle la bronca a alguien. Mario era un hombre con mucha clase, porque la tenía, y era un clásico modernísimo. ‘La colmena’ y ‘Los santos inocentes’ son maravillosas. Imposible hacerlas mejor”.

De hecho, esas son sus dos mejores películas y, ya pasados 40 años, las que mejor se mantienen en el tiempo. También destacables, “El prado de las estrellas”, “El color de las nubes” (dos historias de gente común con buena onda), “Sombras en una batalla”, “La playa de los galgos”, con Miguel Angel Solá (buenos acercamientos a las cicatrices del terrorismo vasco), “La casa de Bernarda Alba” y tres piezas de su juventud: “Los farsantes”, “Young Sánchez”, “Los días del pasado”. Renglón aparte, las miniseries “Fortunata y Jacinta”, “Curro Jiménez”, “Los desastres de la guerra” y “La forja de un rebelde”, que contribuyeron fuertemente al prestigio de la RTVE, y sus guiones para Carlos Saura, Pedro Olea, Pilar Miró, Adolfo Aristarain (que en viejos tiempos fue su asistente) y otros colegas.

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